Sugerencias para preparar la celebración de la Confirmación dentro de la Misa

 

Justificación de la propuesta

Cuando nuestros Obispos y sus Vicarios presiden las celebraciones del sacramento de la Confirmación, constatan con frecuencia algunas deficiencias que, por su importancia, tendríamos que intentar subsanar entre todos.

Por ejemplo:

  • se encuentran con que hay grupos que, a lo largo de su proceso catecumenal, no incluyen una catequesis amplia que ayude a conocer y asimilar el sentido profundo de cada uno de los momentos de la celebración sacramental;
  • también se dan cuenta de que cuando los grupos preparan la celebración del sacramento, no siempre saben distinguir entre aquellos momentos litúrgicos en los que es posible la variación o la creatividad, y aquellos otros que son fijos e inalterables.

Carencias de este tipo...

  • convierten en ?misión imposible? que se llegue a captar el sentido auténtico de la celebración, y ...
  • propician, con mayor facilidad, el recurso a incluir novedades ajenas a la celebración, con la pretensión de hacerla más ?entretenida?.

LA PROPUESTA...

  • Antes de que un grupo celebre su Confirmación, deberá garantizar que ha profundizado suficientemente en el sentido y significado de cada uno de los momentos de la celebración sacramental.
  • Para preparar la celebración de la Confirmación, cada grupo se servirá del presente material de apoyo, siguiendo los criterios y sugerencias que se hacen en el mismo.
  • El Secretariado de Juventud se encargará de hacer el seguimiento adecuado para que este servicio funcione y redunde en beneficio de todos.


 

CELEBRACIÓN DE LA CONFIRMACIÓN

I. RITOS INICIALES

MONICIÓN INICIAL

Conviene dar comienzo con una monición que ambiente lo que se va a celebrar. En ella es importante hacer:

  • Una referencia a la celebración litúrgica del día, cuando sea el caso.
  • La mención al sacramento que se va a celebrar.
  • La mención también de quién presidirá la celebración y, en todo, caso, del obispo cuando preside un presbítero.

Sugerencias:

a) Un grupo de chicos y chicas de nuestra parroquia (de nuestras parroquias de...) recibirán hoy el sacramento de la Confirmación de manos de nuestro obispo N. (del obispo auxiliar de nuestra diócesis, N.) (del delegado de nuestro obispo, el vicario episcopal N.).

b) El motivo de nuestro encuentro es la celebración del sacramento de la Confirmación que... chicos y chicas de nuestra(s) comunidad(es) recibirán de manos de nuestro obispo N. (del obispo auxiliar de nuestra diócesis, N.) (del delegado de nuestro obispo, el vicario episcopal N.)

c) Por eso celebramos con alegría esta fiesta, presididos por nuestro obispo N. (el obispo auxiliar de nuestra diócesis, N.) (el delegado de nuestro obispo, el vicario episcopal N.).

CANTO DE ENTRADA Y PROCESIÓN

Las personas que van a ser confirmadas podrían entrar formando parte de la procesión. También podría llevarse al principio el recipiente con el santo crisma, que se coloca en un lugar adecuado del presbiterio.

SALUDO DEL PRESIDENTE

PALABRAS DE SALUDO AL OBISPO (VICARIO)

Si se quiere, el presidente de la comunidad puede dirigir unas palabras de saludo al obispo o a su delegado, pero siempre muy breves y sin adelantar el mensaje de la palabra o aquello que aparecerá en otras moniciones o momentos de la celebración.

ACTO PENITENCIAL

Se hace como en la misa. Parece recomendable que se use la fórmula 3ª.

No hay que olvidar que la intención de esta fórmula no es tanto pedir perdón por cosas concretas (Porque?: Señor, ten piedad), sino la de alabar a Cristo, que es quien hace posible el perdón (Tú, que?: Señor, ten piedad).

De su lectura se encarga el/la monitor/a de la celebración.

Sugerencia:

Podrían los/las jóvenes hacer una lista de aquello que han descubierto de Jesucristo durante sus años de catequesis, y hacerlo aparecer aquí. Si son muchas las menciones pueden agruparse en tres partes (conviene que no sean muy extensas las menciones). Por ejemplo:

  • Tú, amigo de los pobres, cercano a quien pecaba...: Señor, ten piedad.
  • Tú, que eres nuestra luz, nos has transformado...: Cristo, ten piedad.
  • Tú, que estás siempre con nosotros, nos enseñas a amar de verdad...: Señor, ten piedad.

También podría hacerse el rito de la aspersión del agua, pero lo vamos a sugerir en un momento posterior.

GLORIA

Se puede cantar (recitar) siempre, salvo que las rúbricas lo excluyan (eucaristía de los domingos de Adviento y Cuaresma). Siendo éste un himno venerable y una de las más antiguas piezas de la liturgia, la nueva Introducción del Misal excluye expresamente la posibilidad de sustituirlo por otro canto de alabanza.

Sugerencia:

Puede cantarse por toda la asamblea o a dos coros, también hay formas responsoriales, aunque algunos entendidos es la forma que menos prefieren para este himno.

ORACIÓN COLECTA

En el misal existen unas oraciones propias para la eucaristía de la confirmación (pp. 851-857). No obstante, conviene recordar lo que dice la rúbrica de la pág. 847: «(La misa propia) puede utilizarse cualquier día del año, fuera de los domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua, de las solemnidades, del Miércoles de Ceniza y de la Semana Santa». En estos días los textos son los propios del día.

Sugerencia:

Pueden seleccionarse de entre las oraciones propuestas las que parezcan más adecuadas aunque pertenezcan a formularios (A,B,C) diferentes.

 

II. LITURGIA DE LA PALABRA

LECTURAS

Es el momento de la «palabra de Dios» y sólo de ella. Es totalmente contrario al espíritu de este momento de la celebración el incluir aquí la lectura de otros textos distintos a los bíblicos.

En los días mencionados en la oración colecta, las lecturas se toman de la misa del día. En los demás casos se toman del leccionario para la confirmación. (Leccionario VIII).

Sugerencia:

Cuando las rúbricas permiten elegir las lecturas, éstas pueden ser también otras que no figuran en el leccionario del sacramento, pero que para el grupo pueden tener resonancia especial.

No obstante, es bueno que esos textos se busquen en los leccionarios oficiales y se lea la versión de los mismos que aparece en ellos.

Si hubiese que leer una lectura que no se encuentra exactamente en los leccionarios o para evitar cambios de libros si se hacen en euskera y castellano, conviene no olvidar que la palabra de Dios nunca se ha de leer desde papeles, folletos, etc. En esos casos es mejor introducir (?disimular?) la hoja en el libro y leer mostrando siempre el libro.

Las lecturas se proclaman siempre desde el ambón de la palabra, lugar único en el templo y reservado sólo para esta función.

No es conveniente que sean los mismos confirmandos quienes hagan las lecturas. Ellos tienen otros cometidos. La palabra de Dios va especialmente dirigida a quienes se confirman y deben escucharla con atención.

Salvo en los días especiales mencionados arriba, puede leerse una sola lectura antes del evangelio.

Hay que recordar que el Salmo responsorial también es palabra de Dios y que no puede sustituirse con cualquier canto. No será difícil encontrar una antífona que se pueda cantar o un salmo que la comunidad conozca de memoria.

En cuanto a las moniciones, conviene no multiplicarlas innecesariamente. Quizá sea posible una monición general que introduzca a todas las lecturas. Hay que recordar que las moniciones deben ser breves y no repetir lo que después dirá la lectura.

Sugerencia: Monición general a las lecturas

Comenzamos la lectura de la Palabra de Dios. Las palabras de los apóstoles y los profetas, las palabras de Jesucristo en el Evangelio, son siempre luz para nosotros. Y por eso hoy, en esta fiesta, queremos prestarles especial atención. Para que penetren dentro de nosotros, y nos hagan vivir muy a fondo la vida nueva del Espíritu. Con fe, y en actitud de oración, escuchemos la Palabra de Dios.

 

III. LITURGIA DEL SACRAMENTO

PRESENTACIÓN DE QUIENES SE VAN A CONFIRMAR

Después de la lectura del evangelio, y antes de la homilía del obispo, tiene lugar la presentación de los que van a ser confirmados. Si el obispo, para administrar la Confirmación, debe trasladarse a una sede distinta de la que ocupaba hasta ahora, el traslado se realiza en este momento, antes de la presentación.

La presentación la hace uno de los responsables de la catequesis (puede ser el mismo párroco, o un catequista). En cuanto sea posible, será conveniente, aun en el caso de que sean muchos, nombrar a todos/as los que se van a confirmar (si son de distintas parroquias pueden nombrarse por bloques: de la parroquia N.N...; de la parroquia NN...). Y, también en cuanto sea posible, quienes van a ser confirmados subirán al presbiterio o se pondrán al pie del mismo, acompañados de los padrinos y madrinas.

PALABRAS DE QUIENES SE CONFIRMAN

Después de la presentación, puede resultar significativo que alguna de las personas que van a ser confirmadas suba a explicar brevemente, en nombre de todos, lo que les mueve a pedir este sacramento.

Las ideas que pueden aparecer en esta ?presentación de motivos? pueden ser: el camino realizado con el grupo de catequesis y el interés con que se ha participado en él; el deseo de confirmar una fe cristiana recibida en la edad infantil, en el bautismo; lo que para ellos significa ser cristiano, en cuanto adhesión personal a Jesucristo y en cuanto a trabajo, al servicio de un mundo más digno y humano; el convencimiento de que sin la fuerza de Dios (el Espíritu) no podemos hacer nada; el deseo de ser miembros plenos de la comunidad de los creyentes.

Esta explicación de lo que para ellos significa la Confirmación que reciben, puede hacerse también, como una especie de ?manifiesto?, antes de la despedida de la celebración.

HOMILÍA

RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES

Después de la homilía del presidente conviene guardar unos instantes de silencio. A continuación, de pie, quienes se han de confirmar renuevan sus promesas bautismales.

Sugerencia para el comienzo de la renovación:

Al ser la Confirmación un sacramento de la iniciación cristiana, conviene que el cirio pascual esté encendido.

Quienes se confirman podrían (recordando el bautismo) encender un cirio del cirio pascual, o bien los padrinos y madrinas lo encienden y se lo pasan a ellos. Con el cirio encendido renuevan sus promesas bautismales.

Esta renovación tiene dos partes: la renuncia al mal y la profesión de fe.

La parte de la renuncia al mal admite la posibilidad de adaptación sobre los formularios propuestos en el Ritual. Puede hacerse con un texto que leen los/as jóvenes o por medio de preguntas a las que responden. Si se usa la primera fórmula conviene que alguien lea el texto desde un micrófono para que la asamblea entienda lo que todos están leyendo a la vez.

En el apéndice del Ritual hay varias fórmulas que pueden servir de modelo.

En cuanto a la segunda parte, todos los formularios incluyen la misma fórmula. Es decir, la profesión de fe sólo se debe hacer con las fórmulas aprobadas.

Durante el proceso de catequesis se deben explicar a los jóvenes los artículos del Credo para que renueven conscientemente su fe. Nada excluye que ellos mismos elaboren una fórmula que se puede utilizar en una celebración de la palabra u oracional antes de la Confirmación. Pero esto no es aplicable a la celebración litúrgica.

Sugerencia:

La profesión de fe también puede hacerse rezando todos los confirmandos el Credo, según la fórmula breve preferentemente, si es ésta la que han trabajado durante las catequesis.

Hay formularios que incluyen también algunas preguntas dirigidas al compromiso que supone la recepción del sacramento.

Sugerencia de formulario adaptado:

¿Estáis dispuestos a luchar contra el pecado que se manifiesta en el egoísmo; la envidia; la venganza; la mentira; el pensar sólo en nosotros mismos; el desinterés hacia los demás y especialmente hacia quienes sufren?

* Sí, estoy dispuesto/a.

¿Estáis dispuestos: a perdonar cuando os hagan una injuria; a amar incluso a quienes no os quieren bien; a ayudar a los que os necesiten, sean quienes sean; a trabajar al servicio de un mundo más digno para todos sin distinciones?

* Sí, estoy dispuesto/a.

¿Creéis en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra?

* Sí, creo.

¿Creéis en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que nació de Santa María Virgen, murió, fue sepultado, resucitó de entre los muertos, y está sentado a la derecha del Padre?

* Sí, creo.

¿Creéis en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que hoy os será comunicado de un modo singular por el sacramento de la Confirmación, como fue dado a los apóstoles el día de Pentecostés?

* Sí, creo.

¿Creéis en la santa Iglesia católica, en la comunión de los santos, en el perdón de los pecados, en la resurrección de los muertos, y en la vida eterna?

* Sí, creo.

Y, de acuerdo con el Evangelio de Jesucristo, ¿queréis confiar en Dios en todas las circunstancias de la vida?

* Sí, quiero.

¿Trataréis a todas las personas como hermanos y hermanas vuestros, sin hacer distinciones por razón de cultura, modo de pensar, raza o nivel económico?

* Sí, los trataré.

¿Queréis vivir como Jesucristo vivió?

* Sí, quiero.

¿Trabajaréis para que llegue a todos los seres humanos la vida y la salvación de Dios?

* Sí, trabajaré.

Ésta es nuestra fe. Ésta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Después de la renovación toda la asamblea se pone de pie y afirma esta fe por medio de un canto. Mientras tanto, el presidente rocía con agua bendita a quienes se confirman y a toda la asamblea.

Si se ha hecho el gesto de los cirios, los confirmandos los apagan ahora.

IMPOSICIÓN DE MANOS

Para que este gesto se haga de manera significativa conviene pensar bien el modo de realizarlo según el número de quienes se confirman y las posibilidades del lugar.

Puede introducirse por medio de una breve monición.

Sugerencia:

Después de la profesión de fe, el obispo (el representante del obispo), repitiendo el mismo gesto que usaban los apóstoles, va a imponer sus manos sobre estos chicos y chicas pidiendo al Espíritu Santo que los consagre como piedras vivas de la Iglesia de Jesús. Unámonos a su plegaria y oremos en silencio al Señor.

Este gesto se hace en silencio. Podría tocarse suavemente con algún instrumento la música de algún canto al Espíritu.

La imposición puede hacérsela a cada joven individualmente.

Primero el presidente dice la invitación a la oración «Oremos, hermanos, a Dios Padre?», (luego se imponen las manos a cada joven) y, con las manos extendidas sobre todo el grupo dice la oración «Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo?».

CRISMACIÓN

También se puede introducir con una breve monición si es que no se ha añadido a la que introduce la imposición de las manos.

Sugerencia:

Hemos llegado al momento culminante de la celebración. El obispo (el representante del obispo) impondrá la mano en la frente de los que serán confirmados, marcándolos con la unción del óleo santo y el signo de la cruz.

[Del mismo modo que un perfume impregna el cuerpo con su fuerza y su buen olor, la crismación con este aceite perfumado hace sensible la actuación de Dios con estos jóvenes y les infunde su Espíritu: su gracia los impregnará profundamente, y los hará semejantes a Cristo, que significa el Ungido, el Mesías].

Si se canta durante la crismación está bien que, antes de comenzar la canción, todos los presentes puedan escuchar la fórmula del sacramento dos o tres veces.

El padrino o madrina está junto a quien se confirma y pone su mano derecha en su hombro. El nombre puede decirlo quien se confirma o su padrino/madrina. En algunos casos puede ser bueno que el presidente tenga una lista escrita con los nombres.

Sugerencia:

En algunas comunidades, en este momento, junto al padrino/madrina también se ponen junto a quien se confirma su catequista, sus padres, algún representante del consejo parroquial? formando como un círculo a su alrededor. Es el modo de significar que ese/a joven no está solo/a y que es acogido/a en el mundo de los adultos y en la comunidad de los creyentes, dispuestos a compartir su fe con él/ella.

El Crisma debe presentarse en un recipiente digno. Debe ser aceite consagrado en la última Misa Crismal (los óleos han de renovarse todos los años). Si algún presbítero más colabora en la crismación debe recibir el recipiente de quien preside.

La crismación debe hacerse de modo significativo, mojando el dedo en el mismo aceite y no en algodones con un poco de aceite. La unción no debe secarse.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Si se quiere que quienes se confirman redacten las intenciones de oración, será conveniente pensar antes una pauta, para que tengan el carácter universal propio de este momento de la celebración, y no se centren sólo en los deseos de mejora personal y cristiana de los confirmados.

Es importante que las peticiones sean breves y se redacten todas siguiendo el mismo esquema:

  • Por?, para qué?
  • Por?
  • Para qué ?
  • Qué?

Hay que recordar que corresponde al presidente hacer la invitación a la oración. Ésta se dirige a la asamblea y no a Dios (Oremos, hermanos y hermanas, a Dios Padre?).

La oración conclusiva del presidente se dirige directamente al Padre o al Hijo, según la Persona mencionada en la invitación.

Sugerencia:

Conviene que, si no todas, algunas de las peticiones las lean algunos de los recién confirmados y estén redactadas en primera persona del plural (por quienes hoy nos hemos confirmado?)

 

IV. LITURGIA DE LA EUCARISTÍA

PRESENTACIÓN DE LOS DONES

Es conveniente que algunos de los confirmados lleven las ofrendas para preparar la mesa de la Eucaristía. Al hacerlo, sin embargo, habrá que evitar al máximo la hipertrofia que a menudo sufre este momento de la celebración, que se llena con ?ofrendas simbólicas? que terminan ahogando lo que es fundamental: que vamos a preparar las mesa para celebrar el banquete del Señor.

Tiene que quedar muy resaltado el pan y el vino con los que celebraremos la Eucaristía (todo el pan y el vino, no sólo una parte y llevar luego el resto de la credencia), y si queremos añadir luego algo más que represente nuestra propia ofrenda que se une al pan y el vino, debe ser una verdadera ofrenda: será ofrenda, del modo más propio, todo lo que se ofrezca para aquéllos que más vivo reflejo son de Jesucristo, que son los pobres, y lo serán mucho menos los instrumentos de estudio o de recreo que los oferentes se llevarán luego otra vez para su casa (y nótese que esa impropiedad de las ofrendas alcanza su punto máximo cuando se ofrece una biblia: ¿qué sentido tiene ?ofrecer? la Palabra cuando ésta acaba de ser leída, proclamada, escuchada, celebrada?).

También, si se desea, puede resaltarse el inicio de la liturgia eucarística mediante la ornamentación más acentuada del altar (algunas velas y flores añadidas a las que ya haya).

Y, si a pesar de todo, se quisiera presentar alguna ?ofrenda simbólica?, habría que evitar en todos los casos hincharla además con reflexiones: debe presentarse con mucha discreción, con una monición general que tenga como objetivo básico la introducción a la liturgia de la Eucaristía.

Sugerencia de monición:

Podéis sentaros (pausa). Una vez celebrada ya la Confirmación entramos en la última parte de nuestro encuentro, el momento en el que, por la Eucaristía, se hará presente entre nosotros Jesucristo, nuestro alimento. Él nos convoca, nos invita a su mesa. Él viene a nosotros para ser nuestro compañero de camino, nuestra fuerza para vivir.

Preparemos ahora la mesa de Jesucristo. Con el pan y el vino presentamos también todo lo que somos, y nuestra voluntad de vivir unidos a él, siguiendo su camino. (Por eso, añadimos al pan y el vino una ofrenda para ayudar a...*). Con espíritu de acción de gracias, comencemos la Eucaristía.

* En algunos casos, los jóvenes deciden que la colecta de la eucaristía y lo que ellos han recogido se destine a alguna causa solidaria. Eso es lo que sí debe advertirse en la monición.

PLEGARIA EUCARÍSTICA

Antes del diálogo introductorio al prefacio se puede hacer una breve monición. Éste es el momento de mencionar los motivos de acción de gracias, mejor que al final, porque la plegaria eucarística es la gran oración de acción de gracias. Después, con el diálogo, el presidente da comienzo a la plegaria que él sólo recita en nombre de toda la asamblea.

Es muy importante que la plegaria eucarística quede resaltada, sobre todo con los cantos: diálogo del prefacio, santo, aclamación de la consagración, Amén final. Si no se resaltase, quedaría como un apéndice rápido al final de la Confirmación y de las ofrendas...

Prefacio

Hay un prefacio propio cuando se utilizan las oraciones propias de la misa de confirmación.

Santo

Es un canto colectivo de toda la asamblea presente. Esta pieza sobrepasa a todas las demás del Ordinario en dignidad e importancia. Su texto bíblico hace que sea un himno particularmente sagrado y, junto con el salmo responsorial, es el más antiguo de los cantos de la misa.

Los expertos en música litúrgica consideran que suprimir el texto bíblico del Santo, reducirlo o sustituirlo por un canto cualquiera, aunque sea de alabanza, es de los fallos más garrafales de la liturgia.

Formulario de la plegaria

¿Qué plegaria utilizar? Desde luego, una de las del Misal. Las palabras de la consagración introducidas en cualquier oración inventada no la convierten en plegaria eucarística.

Quienes toman parte en la celebración tienen derecho a que la plegaria eucarística, que ellos, en cierto sentido, ratifican por medio del «Amén» final, no sea alterada o plenamente matizada por el gusto personal del que la ha compuesto o del que la recita. De aquí la necesidad de utilizar solamente los textos de la plegaria eucarística aprobados, que manifiestan más clara y plenamente el sentido eclesial. (Carta Eucharistiae participationem, n. 10)

Las plegarias II, III y IV tienen un memento propio para la confirmación. También podrían cantarse dos breves aclamaciones al Espíritu, una después de la epíclesis sobre el pan y el vino y otra después de la epíclesis sobre la comunidad.

PADRE NUESTRO

El Padre nuestro es uno de los más grandes tesoros de la Iglesia, por ser la oración del Señor. Por eso, deberíamos guardarla, cuidarla y protegerla de la manipulación de cualquier desaprensivo.

Es una oración que corresponde hacerla a toda la asamblea unida sin que ningún coro le usurpe este derecho, por muy bella que sea la melodía que tienen preparada.

Las disposiciones del Misal no permiten en absoluto que la Oración del Señor sea sustituida, retocado su texto o parafraseado, ni en el caso de que se respete el texto del Señor intercalándolo entre paráfrasis (como es el caso del Padrenuestro denominado "gallego"). Todas estas alteraciones, dentro de la Eucaristía, oscurecen el mensaje primordial de esta oración que, en ese momento, tiene la función de prepararnos a la comunión.

RITO DE LA PAZ Y FRACCIÓN DEL PAN

Los dos momentos tienen su importancia, pero la liturgia da prioridad a la fracción del pan. Por lo tanto, el gesto de la paz no debe privar de su lugar al gesto de partir el pan que debe ser visto por toda la asamblea mientras se canta o recita el Cordero de Dios.

Por la norma litúrgica elemental de que nunca deben hacerse dos gestos a la vez, el presidente no realiza la fracción del pan hasta que todos hayan terminado de darse la paz. Tampoco el canto de paz, si lo hubiera, debería ser tan largo que obligara al presidente a esperar para hacer la fracción.

Lo normal es que cada cual dé la paz a quienes tiene más cerca. El presidente también se la da a quienes tiene cerca en el ámbito del presbiterio, sin abandonarlo.

 

V. RITO DE CONCLUSIÓN

Después de la comunión es conveniente dejar unos momentos suficientes de silencio y de oración, durante los cuales no se haga absolutamente nada más (es decir, que no se preparen los recordatorios que haya que repartir luego, ni se vayan los encargados correspondientes a preparar el posible refresco que se ofrezca al terminar la misa). Será después de haber orado en estos momentos de silencio cuando deberán empezar a movilizarse los que deban hacerlo.

Si como conclusión de la celebración se prevén algunos elementos extraordinarios que puedan resultar algo largos, será mejor colocar esos elementos antes de la poscomunión cuando la asamblea está aún sentada; sin embargo, si se quieren situar en el lugar que les sería propio, después de la oración poscomunión y antes de la bendición, habrá que decir a la asamblea que vuelva a sentarse, para que no resulte pesado.

  • Un primer elemento que se puede introducir aquí, si no se ha hecho, como indicamos en su momento, después de la presentación de los confirmandos y antes de la homilía, es la intervención de alguno de los que han recibido el sacramento, como un ?manifiesto? que proclame, en nombre de todos, lo que la Confirmación ha significado para ellos.
  • Otro elemento especialmente interesante a introducir en este momento es un saludo y estímulo a los nuevos confirmados por parte de alguno de los confirmados en años anteriores. Se trata de decirles que el paso que han dado es importante y valioso, que deben tenerlo como punto de referencia para seguir adelante en su ser jóvenes y ser cristianos, que la fuerza del Espíritu de Jesús tiene que marcar sus vidas, y que es especialmente importante que se mantengan unidos formando grupo, para hacer más sólido ese camino hacia delante. Si los grupos de jóvenes confirmados, en aquel lugar concreto, acostumbran integrarse en algún grupo o movimiento determinado, será conveniente también mencionarlo e invitar a participar en él.
  • Finalmente, también se puede distribuir ahora el recordatorio de la celebración, si se quiere dar algún relieve especial a esa distribución (si no, es mejor distribuirlo a la salida). Si se reparte ahora, no debe hacerse durante la poscomunión, ni durante las distintas intervenciones de las que acabamos de hablar, sino en unos momentos exclusivamente dedicados a dicha distribución.

Sugerencia:

Un recuerdo posible sería fabricar unas cartulinas con los distintos dones del Espíritu, una oración y una explicación en consonancia con ese don.

La celebración termina, como siempre, con la bendición final del obispo y la despedida. El canto final puede cantarse antes de la fórmula ritual de despedida o después.