San Juan Bosco - www.bizkeliza.org
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200 aniversario del nacimiento de San Juan Bosco

Muy queridos hermanos y hermanas:

 

La vida de los santos manifiesta la gloria y el amor de Dios. Los santos son aquellos que se han hecho pura docilidad al amor de Dios. Muchas veces veo la obra de san Juan Bosco hacia fuera: su modo de ser, su modo de comportarse, la obra que llevó hacia delante, pero me gustaría conocer más su interior, de dónde brota todo esto, cuál era esa conversación íntima que él tenía con Dios; Cómo llegó a tener esa docilidad para ser instrumento ágil de la obra de Dios. Dios, en cada momento de la historia, siempre suscita personas que serán sus manos, sus pies, sus brazos, sus labios. En aquella época de la revolución industrial también aquí, en Bilbao, donde tantas dificultades existían para multitud de familias, junto con la creación de riqueza, podemos constatar cuánto sufrimiento, cuántas pobrezas, cuántas exclusiones.

 

Esta mañana pediría para mí y para esta obra salesiana, para todos los colaboradores, que tengamos esta docilidad a la inspiración de Dios. La obra no es nuestra, no nace de nuestros méritos sino nace de Dios. Ojalá supiéramos tener este corazón de Dios, palpitar al mismo ritmo de su corazón para ver cómo hacer hoy la obra que Él quiere realizar en la humanidad, especialmente en la más sufriente.

 

Esta obra de Dios es siempre servicio. Jesús, dice en su evangelio: "yo no he venido a ser servido sino a servir". Se sirve entregando la propia vida. El padre José Antonio nos ha dicho en la exposición previa que la obra salesiana no provee locales ni maquinaria pues lo que provee realmente son personas: salesianos, salesianas, laicos que colaboran en esta obra incluidos en el carisma de san Juan Bosco cuyo fin es darse, servir. Además, no hay obra educativa si no hay entrega de la propia persona. El que educa tiene que ser capaz de amar, capaz de darse. También el Señor ha suscitado el que pudieran colaborar con los salesianos algunas familias de Bilbao que vieron tan necesaria esta obra social y educativa. En este lugar está enterrado el matrimonio Urquijo que impulsó esta casa al igual que otras familias que han impulsado la obra de Barakaldo.

 

Esta jornada nos invita a configurarnos con Cristo servidor, que ha venido a dar su vida. ¿Cómo debemos servir? De tres modos. Servir a las pobrezas de hoy. Es curioso cómo el Santo Padre Francisco, en su mensaje de la paz a comienzos de año, hablaba de las nuevas esclavitudes. Uno puede pensar en cosas muy lejanas pero también hay nuevas formas de esclavitud, nuevas formas de pobreza. Puede que en estos Centros no se acerquen niños desarrapados y harapientos como antes. Hoy en día, en el gran Bilbao, las heridas van por dentro, las pobrezas van por dentro: Familias desestructuradas, rotas, heridas afectivas, dificultades y pobrezas de todo tipo. Puede que sean más difíciles de detectar frente a la pobreza exteriorizada, pero no deja de ser un gran drama humano. Si algo he aprendido en mis años de sacerdocio es lo que sufre la gente; los auténticos calvarios interiores de muchas personas, de muchos jóvenes y de muchos niños. ¿Cómo detectar estos sufrimientos? ¿Cómo salir al encuentro de estas pobrezas? Nuestra obra va mucho más allá de transmitir la historia, las matemáticas, la tecnología... Consiste en salir al encuentro de las periferias existenciales, entre nosotros. Tenemos que salir al encuentro de los otros como san Juan Bosco quien se puso a escuchar y supo captar todas esas necesidades, ponerse a sus pies para servir a todos aquellos muchachos, buscar los medios para poder devolverles la frescura, la dignidad, la sanación de las heridas.

 

Buscamos que los jóvenes sean felices porque Dios los ha creado para que sean felices, para compartir su vida, de amor, de felicidad y de misericordia. Tenemos que enseñar a los jóvenes a tener las herramientas que les capaciten construir su propia vida pues somos arquitectos de nuestra historia, de nuestra existencia. Necesitamos el modelo de Cristo. Necesitamos ayudas: la Palabra de Dios, su gracia, los sacramentos.

 

Necesitamos también la compañía. El carisma salesiano se destaca por vivir en compañía ante una sociedad individualista donde todos los grandes dramas humanos pasan por la soledad. Cuántas personas aunque vivan en familia sienten una profunda soledad. La sociedad de consumo nos ofrece muchas veces ofertas que ahondan aún más en la soledad. Veo en la calle muchos chicos y chicas que si bien están compartiendo el tiempo con sus amigos, cada uno está con su maquinita; están juntos pero no lo están realmente. Cuando el tiempo me lo permite, salgo a pasear por Bilbao y veo muchas personas mayores, solitas, sentadas en un banco, con su bolso encima de su regazo. Muchas veces, de regreso, me las vuelvo a encontrar en el mismo lugar y me paro  a hablar con ellas porque percibo mucha soledad; incluso tienen hijos? pero están solas. La soledad es el drama de hoy y el antídoto es vivir en compañía, en comunión, como dice el libro del Génesis: "No es bueno que el hombre esté solo". La soledad destruye la persona. Todo este trabajo de detectar las pobrezas conlleva un esfuerzo. La felicidad debe construirse con esfuerzo y dedicación y también en compañía; siendo alentados, ayudados cuando uno cae, siendo animados y compartiendo los gozos y las dificultades, esta es la vida en compañía y es hermosa.

 

Hoy damos gracias a Dios por el carisma salesiano, por este instrumento transparente de Dios que es san Juan Bosco. Le pedimos al Señor que seamos esa transparencia suya, esa capacidad de servicio, de entrega. Se lo pedimos esta mañana de sábado por intercesión de la Virgen María, auxilio de los cristianos. Que ella nos acompañe, nos lleve de la mano, nos ayude a levantarnos y festejemos siempre con ella el gozo y la alegría de ser hijos de Dios, hijos de la Virgen María. AMÉN.

 

 

+Mario Iceta