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Fiesta de la Presentación del Señor. Jornada de la Vida Consagrada

Muy queridos hermanos y hermanas:

 

Quisiera esta tarde compartir algunas reflexiones en la fiesta de la Presentación del Señor y de la purificación de María. Esta fiesta constituye un eco de la fiesta de Navidad. En ella Jesús es mostrado como Salvador a los humildes, a los pastores; Mostrado como Salvador a aquellos magos de oriente que están representando a todos los gentiles. El Señor se presenta en el portal de Belén en la humildad de la carne, en el pesebre, en el modo en que Dios trae su vida y su salvación. Hoy, 40 días después, Jesús vuelve a mostrarse. Entra el templo como luz, como vida en medio de la noche y de la oscuridad. Es por eso que hemos encendido las candelas; Jesús ha prendido en nuestras vidas. Es el encuentro gozoso con su pueblo representado por Simeón y por Ana la profetisa. Por tanto, hoy celebramos este encuentro de Jesús.

 

María y José llegan al templo para cumplir dos preceptos de la ley. El primero del libro del éxodo, cuando Dios sacó al pueblo judío con mano fuerte de la esclavitud Egipto. El ángel exterminador había acabado con los primogénitos de Egipto. Aludiendo a este pasaje, " los primogénitos me pertenecen", los primogénitos son de Dios. Jesús no tenía por qué cumplir este precepto porque Él es de Dios. Por lo demás, Él se quedará en el templo con doce años. Sin embargo, la Sagrada familia quiere cumplir hasta la última tilde de la ley: el hijo primogénito tiene que ser rescatado. Este rito se hacía con un impuesto pagando al sacerdote del templo cinco siclos. No sólo quieren cumplir este precepto para Jesús, sino también para María. El libro del Levítico indicaba la necesidad de la purificación cuarenta días después de haber dado a luz. Era posible realizar el precepto con la ofrenda de los ricos ofreciendo un animal, un cabrito o un cordero, o bien, con la ofrenda de los pobres, presentando dos tórtolas. María presenta la ofrenda de los pobres cumpliendo la ley aun sin haber incurrido en impureza. Ella es la llena de gracia, que concibe y da a luz a Jesús sin que quede alterada su virginidad perpetua, como la Iglesia proclama.

 

La segunda reflexión que quiero ofreceros es cómo Jesús, María y José son acogidos por Simeón y Ana. Ellos representan en estos momentos la vida consagrada. Se nos ha dicho en el evangelio que Simeón era un hombre lleno del Espíritu Santo. También nos ha dicho que, movido por el Espíritu Santo, fue al templo. Así como el ángel anuncia a María que va a ser madre, también se le profetiza hoy a María que "ese niño va a ser bandera discutida y a ti una espada te traspasará el alma". Es una maternidad con dolor que se asocia a la pasión del Señor. Recuerda a los magos de oriente ofreciendo al niño mirra, mixtura para la sepultura de los difuntos, preconizando de este modo la Pasión. De igual manera, a María se le preconiza la pasión pues ella está íntimamente unida a la pasión del hijo donde ella entregará también su alma. Los clérigos que hemos celebrado muchas veces funerales de personas jóvenes, donde están las madres presentes, la expresión de sufrimiento de ellas es siempre la misma, una expresión de tremendo dolor; el hijo de las entrañas es el hijo muerto. El dolor de María es anunciado mediante estas palabras: "una espada que atravesará el alma", éste que nace tendrá que entregar la vida.

 

La tercera reflexión que quisiera ofrecer, como antes he dicho, es que Simeón y Ana son imagen de la vida consagrada. Es decir, la vida consagrada habita el templo. Jesús dice, como recoge el apóstol San Juan: "Como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Permaneced en mi amor". ¿Cuál es la morada del ser humano? Es el amor de Dios. El evangelista nos ha dicho que a Simeón le movía el Espíritu. La vida consagrada es expresión de esa pluriformidad, de la multitud de carismas y colores, de ese cromatismo del Espíritu Santo que en cada momento suscita lo que conviene. Este sábado pasado celebré los 200 años del nacimiento de San Juan Bosco con los salesianos y recordaba el prefacio de los Santos: "Te alabamos porque manifiestas tu gloria en la asamblea de los Santos y al coronar sus méritos, coronas tu propia obra". La vida consagrada es la obra de Dios que quiere suscitar en cada momento las personas, hombres y mujeres, que serán sus manos, sus labios, sus pies, su palabra... para acercarse a todo sufrimiento humano. ¡Qué gran pluriformidad de carismas ha suscitado el Señor en la Iglesia! Aparecen y pueden desaparecer según la necesidad. Y aparecerán otros nuevos, distintos, con otros matices, porque es la luz de Dios, el cromatismo del Espíritu Santo que supera el tiempo y el espacio, que no se aferra a nada, que todo lo recrea. Tenemos que dar gracias a Dios que en esta diócesis, la multiformidad de carismas ha sido muy fecunda. Es un día para dar gracias a Dios por tantos hermanos y hermanas que formáis parte de esa vida consagrada. Vivid con alegría y esperanza y mirad al futuro que está en manos del Señor que nunca abandona a su Iglesia. Él seguirá suscitando carismas nuevos, pues la vida consagrada siempre será un don, un fundamento de la vida de la Iglesia, una Iglesia en salida.

 

Quisiera terminar con una última reflexión haciendo referencia al lema de la vida consagrada de este año: "En tiempos recios, amigos fuertes del Señor". ¿Cómo uno puede ser amigo fuerte del Señor? Hace quince días que los obispos terminamos los ejercicios espirituales guiados por las moradas de santa Teresa. En la Séptima Morada, santa Teresa presenta a Marta y María y señala que, a veces, en la vida cristiana da la sensación de que Marta y María están separadas. Parece como que hay que ser Marta o María. Santa Teresa de Jesús dice que esto no es así. Es más, defiende a Marta. Ciertamente María está a los pies de Jesús escuchándole, pero -como señala- si Marta no hubiera estado, Jesús no hubiese comido. Santa Teresa señala que debemos crecer hacia dentro en el desarrollo de la vida interior. Eso significa ser amigos fuertes de Dios, en la oración, en la contemplación. Dedicar mucho tiempo a estar a solas con Él. Ser María para poder ser Marta, y ponerse al servicio de los hermanos. En la medida en que seamos más María, en la medida en que tengamos mayor vida interior, mayor trato íntimo con el Señor y accedamos a la Séptima Morada, tendremos mucha más profundidad, como árboles de raíz profundísima, muy altos, que ofrecen muchas sombra; cuanto más María somos, más Marta podemos ser. Y al contrario: Marta, el servicio, la calidad de nuestro servicio, de nuestra entrega es signo y expresión de nuestra calidad de María. La calidad de darnos a los demás, el servir a los demás, el servir a Jesús en los lugares más extremos y más sórdidos es expresión de que María vive también en nosotros. María y Marta no están enfrentadas. Aprendamos de ellas a través de las enseñanzas de santa Teresa. San Agustín decía: " Señor, yo te buscaba por fuera, derramado por mil cosas, sin darme cuenta que Tú estabas en mi interior, que Tú moradas en mi casa, que Tú habitas en mi existencia". Señor, ahí te tengo que encontrar para servirte también en mis hermanos y hermanas. Para reconocerte dentro de mí y servirte en esas oscuridades y ser luz como hoy Cristo, el Señor.

 

No quisiera terminar sin tener un recuerdo para nuestros hermanos y hermanas que no ha venido a esta Eucaristía a causa de la enfermedad. Después de tantos años de entrega, hoy se les pide una entrega de un modo nuevo. Curioso que sea un jesuita, San Francisco Javier, patrono de las misiones, y la patrona, una contemplativa: Santa Teresa del niño Jesús. Después de una vida de ser San Francisco Javier, en la enfermería se nos pide ser santa Teresita de Lisieux. Quiero traer a esta celebración a tantos hermanos y hermanas que viven la ancianidad, o el sufrimiento en tantos países lejanos siendo luz de Cristo. También a vuestros familiares y tantas personas que os han ayudado a crecer y a que vuestra vida sea testimonio del amor de Cristo y de su entrega. Que el Señor os mantenga en ese templo suyo que es su amor, luz para tantas personas, siendo Marta y María, las amigas entrañables de Jesús. Se lo pedimos hoy por intercesión de la Virgen María. AMÉN

 

+Mario Iceta