Homilía V de Pascua - www.bizkeliza.org
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V domingo de Pascua

Muy queridos Hermanos y Hermanas, hoy de modo particular queridos Padres y padrinos que traéis a estos hijos vuestros a bautizar:

 

Tened la seguridad que hoy es el día más importante de su vida porque nacen con Cristo a la vida eterna, porque hoy adquieren la vida del resucitado y a partir de hoy estarán para siempre unidos a Él.

 

Las lecturas que hemos proclamado iluminan la realidad de este sacramento del Bautismo. En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles hemos visto cómo san Pablo, después de haber sido tocado por el Señor y bautizado por Ananías, predicando el evangelio, se dirige a Jerusalén para estar con los apóstoles y comprobar si la fe que testimonia es la fe de la Iglesia. En esta lectura encontramos varios elementos que se manifiestan en el Bautismo: En primer lugar, Pablo es llamado de un modo nuevo; antes se llamaba Saulo pero el Señor le llama Pablo. Al comienzo de esta celebración os hemos preguntado cómo se llaman vuestros hijos; el nombre nuevo que a partir de hoy Dios les da. Después del Bautismo a Pablo -relatan los Hechos de los Apóstoles- se le cayeron como una especie de escamas de los ojos y comenzó a ver. El sacramento del Bautismo también fue llamado por los primeros cristianos "Iluminación" porque comenzamos a ver con ojos nuevos, Cristo es nuestra luz e ilumina nuestra vida. Además se realizó por el ministerio de un sacerdote, Ananías, como hoy también -en este caso por el ministerio del Obispo- es Cristo quien bautiza y nos da la vida nueva. También aparece en la primera lectura la dimensión eclesial: Pablo, en esa comprobación que hemos señalado, se une a los apóstoles, predica en comunión con ellos y en el seno de la Iglesia se ve fortalecido y confirmado. A partir de hoy estos niños van a pertenecer, van a ser miembros de pleno derecho de este pueblo de Dios, de esta familia que se llama Iglesia.

 

El misterio que se produce en ellos es lo que nos ha relatado el evangelio. Jesús nos pone el ejemplo de la vid y los sarmientos. Nos ha dicho: "-yo soy la vid y vosotros lo sarmientos... Si no estáis unidos a mí no podéis hacer nada". La vida de quien no está unido a Cristo es estéril y no produce fruto. Si, por el contrario, está unida a Cristo se convierte en una vida apasionante que produce frutos de eternidad; precisamente somos unidos al Señor en el sacramento del Bautismo. A partir de hoy, estos niños y niñas van a ser unidos e injertados en Cristo para participar de su Vida, la de los hijos e hijas de Dios, hermanos de Cristo, templos del Espíritu Santo para que su vida no se malogre si no que sea grande y santa.

 

Esto nos recuerda la segunda lectura que hemos escuchado. San Juan nos dice que no amemos de palabra. ¡Cuánta gente ama de palabra en nuestra sociedad! Nos dice San Juan: "-amemos de obra", con obras de un amor nuevo, que el amor de Dios nos comunica. Hoy estos niños están capacitados para amar de un modo nuevo recibiendo el don del Espíritu Santo, entregando la vida, cuidando de los demás, realizando una humanidad nueva.

 

Termino recordando unas palabras que pronunció el papa Benedicto XVI en el último Bautismo que realizó en la capilla Sixtina: "El Bautismo es una opción educativa. Por medio del Bautismo nos comprometemos a que nuestros hijos e hijas sean educados con una perspectiva de fe, desde Cristo, verdad y vida". Por eso los padres y padrinos os habéis comprometido al comienzo de esta celebración a educarlos en la fe, según el modelo y la perspectiva de Cristo.

 

Todos los que estamos aquí reunidos recibimos este santo don del Bautismo. Pedimos hoy que renueve en nosotros nuestra gracia bautismal. Que sigamos unidos a Él. Es probable que hayamos sufrido en nuestra vida la poda. En el evangelio Jesús nos ha dicho que a quien da fruto mi Padre lo poda para que dé más fruto. Agradecemos hoy la presencia del Señor en nuestras vidas y pedimos que unidos a Él demos frutos de santidad. Lo pedimos por medio de la intercesión de María de modo particular, hoy en este mes de mayo, encomendamos a estos niños al cuidado maternal de la Virgen María, que es también su Madre y desde el cielo cuidará y les acompañará en el camino de la vida. Amén

 

 

+ Mario Iceta