homilia T.O. III domingo - www.bizkeliza.org
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III Domingo del Tiempo Ordinario

Muy queridos hermanos y hermanas:

 

Hemos escuchado en la segunda lectura al apóstol San Pablo dirigiéndose a los corintios, indicándoles que el tiempo es apremiante. Les da unas instrucciones: "el que está casado siga así, el que no lo esté continúe como está. El que está negociando, actúe como si no negociara". Es una sensación de apremio que concluye dando la razón de ello: porque la representación de este mundo se termina. San Pablo tenía la conciencia de que la segunda venida de Cristo era inminente. Por ello mismo les dice "el tiempo apremia". Es verdad que esta percepción de San Pablo no ha sido tan inminente en la realidad, pero es una exhortación que nos sirve también para nosotros porque nuestra vida, en el fondo, no es tan larga y, por tanto, no hay tiempo que perder. El tiempo es apremiante. No podemos dejar la invitación de Jesús para una mejor ocasión, para un día más tarde porque esa ocasión seguramente no llegará. Siempre tendremos excusas que poner. Es hoy el tiempo para acoger la invitación del Señor.

 

Hemos visto tanto en la primera lectura como en el evangelio que es el mismo Señor quien anuncia la conversión. Escuchamos a Jesús en el evangelio: "Convertíos porque está cerca el reino de Dios". En la primera lectura hemos visto al profeta Jonás enviado por el Señor, hacer el mismo anunció en Nínive, anuncio de salvación. Nínive era un lugar donde el pueblo había perdido sus raíces, había quedado desorientado y no vivía con fidelidad la Alianza. Por ello es enviado Jonás a proclamar esta conversión, este ayuno. Es conmovedor ver a Jesús que lo hace Él mismo. Después de que asesinaran a Juan Bautista es Jesús quien continua esa predicación: "Convertíos, está cerca el reino de Dios". Es una invitación a dejar muchas cosas que nos impiden volver nuestra vida hacia Dios.

 

Llama la atención la reacción de los apóstoles. Hemos visto cómo el Señor invita a Pedro y su hermano Andrés, a Santiago y a su hermano Juan. El evangelio dice: "dejaron las redes". Es una invitación también para nosotros a dejar cosas, hábitos, costumbres que nos alejan de Dios... Todo aquello que nos impide seguir a Jesús. La invitación de la conversión de Jonás era la de hacer penitencia porque en cuarenta días, decía, llegará el día del Señor. Nos ha dicho a continuación el profeta Jonás que el Señor se conmovió, se le removieron las entrañas ante aquellos que, arrepintiéndose de sus pecados, se vuelven a Él. El Antiguo Testamento describe a Dios como Aquél que es rico en misericordia. Se nos describe a Dios como bondad y ternura. También nos señala el profeta Isaías algunos rasgos maternos de Dios: "¿Podrá una Madre olvidarse de su hijo? Pues aunque tú te olvides de mi, yo jamás me olvidaré de ti". Es el Dios Padre que se conmueve ante nuestras debilidades y caídas. Que nos invita a volver a Él y, como Padre bueno qué es, nos acoge y nos abraza.

 

Esta es también la invitación de Jesús a los apóstoles. Nos ha dicho el evangelio que dejándolo todo inmediatamente lo siguieron: iniciaron el seguimiento de Jesús. La conversión no es un fin en sí misma; conversión significa volverse; de estar dando la espalda a Dios, pensando en cosas que no merecen tanto la pena como pensábamos, volvernos de nuevo a Él. Volver a contemplar su rostro, comenzar un nuevo camino de discipulado. Recuerdo que santa Teresa de Jesús, al final de su vida deja a sus monjas un testamento oral: "ahora es tiempo de caminar". Ahora bien, no de caminar solos y sin sentido, es tiempo de caminar en y con el Señor. Tiempo de volvernos a Él, tiempo de escuchar su llamada: "Venid conmigo", estad conmigo. Yo os daré una misión; os haré "pescadores de hombres", testigos de mi amor. Yo cambiaré radicalmente vuestras vidas... "Y dejándolo todo lo siguieron", como hemos escuchado en el evangelio.

 

Esta tarde escuchemos a San Pablo: "El tiempo es apremiante". Escuchemos a Jesús: "Venid conmigo". Veamos a los apóstoles: "Lo dejaron todo". Y escuchemos a santa Teresa: "Es tiempo de caminar". Caminemos con Jesús en nuestra vida. Caminemos en la compañía de María; a Ella también le pedimos que venga con nosotros en este camino, que nos muestre a Cristo el Señor, que podamos vivir siempre con Él en este recorrido apasionante de la vida. AMEN.

 

+Mario Iceta