Homilía Stos Pedro y Pablo - www.bizkeliza.org
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Santos Pedro y Pablo. Ordenación presbiteral de Jesús LLarena

Muy queridos hermanos y hermanas:

 

Muy querido Jesús Llarena que esta tarde vas a ser agregado al orden de los presbíteros en esta fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo. Me gustaría contigo y con toda esta asamblea que hoy te acompaña desgranar brevemente las tres lecturas que nos presenta hoy la liturgia.

 

En la primera lectura San Pablo  nos habla de su vocación cuando escribe a los gálatas. Nos ha dicho que este ministerio no lo ha recibido de manos humanas sino de Dios. Es un ministerio que no hemos inventado nosotros, ni tan siquiera pertenece al sacerdocio de Aarón en el Antiguo Testamento; se trata del ministerio inaugurado por Cristo que elige personalmente a sus apóstoles: "Este ministerio lo he recibido del Señor", nos ha dicho. Lo subraya de una manera particular señalando que él era un perseguidor de la Iglesia "haciéndolo con saña; yo era perseguidor de los cristianos. Pero el Señor tuvo misericordia de mi". También nosotros, si miramos nuestro pasado podremos apreciar que no hemos sido elegidos precisamente por una vida santa ni por nuestros propios méritos, más bien hemos sido, como Pablo -cada uno a su manera- porque el Señor se ha apiadado de nosotros y nos ha elegido. Así pues, no es la opción que uno hace como si el sacerdocio fuera una profesión, sino la respuesta generosa a Alguien que te llama, te convoca y te elige. Además, esta elección es un ministerio que se realiza en comunión. La carta a los Gálatas nos ha dicho que Pablo fue a Jerusalén para encontrarse con los Apóstoles; nos dice el mismo Pablo que se encontró con Pedro. Los demás apóstoles estaban predicando. También vio a Santiago, el pariente del Señor, es decir, va a hacer comunión en la Iglesia, porque el ministerio no es suyo, sino del Señor. Es un ministerio que se realiza en comunión con la Iglesia. Esta tarde vamos a poder apreciar esta comunión en el ministerio cuando seas acogido por el presbiterio, como Pablo fue a ver a Pedro y a Santiago para verificar su ministerio en la comunión con la Iglesia.

 

¿En qué has sido constituido? En el evangelio de Juan se nos ha relatado el último encuentro de Jesús resucitado con siete apóstoles cuando estaban pescando en el lago; Jesús les pide de comer. Y se dirige a Pedro de una manera singular llamándole Simón que significa en arameo "el que escucha y el que responde"; tú estás aquí porque has respondido a la llamada. Jesús le dice: -¿Me amas más que estos? Este "más" siempre me ha llamado la atención; me recuerda al "magis" de San Ignacio de Loyola como aquello que "más" sirva al Señor. Ciertamente todos estamos llamados a amar plenamente al Señor pero este estilo de vida es una consagración total. No es solamente dar testimonio del Señor -vocación a la que ha sido convocada toda la Iglesia- sino de una entrega total, pues es el ministerio apostólico el que va a totalizar nuestra vida, en cuerpo y alma convocado a apacentar a sus ovejas. Sin embargo, notemos que Pedro responde: "-Señor, yo te quiero". Jesús vuelve a insistir: "-¿me amas?". Y Pedro vuelve a responder: "-te quiero". Algunos Padres de la Iglesia interpretan este amar como ágape, como don de Dios. La respuesta de Pedro "Tú sabes que te quiero" (filia) es un amor de amistad. Podríamos decir que Pedro está dispuesto a quererle y a darle todo, pero necesitaba que el Señor le llame y le ayude con su gracia: yo te podré amar si Tú me das tu gracia. Es el Señor quien sostiene este ministerio de amor con su gracia. Bien sabes que San Agustín llamaba al ministerio sacerdotal el "amoris oficium". Ahora bien, ¿A quién debemos amar? Jesús insiste: -¿me amas a mi? porque amándome a mi podrás aprender a amar y servir a los demás. Amándome a mi te verás capacitado para amar a los demás de un modo nuevo.

 

Este año celebramos el V centenario de santa Teresa de Jesús en el que hemos podido profundizar en su vida y sus escritos. Como sabes bien, en la séptima morada, santa Teresa de Jesús unifica el ministerio de Marta y María. Muchas veces se ha dicho que María representa la vida contemplativa mientras que Marta representaría la vida activa, un estado de vida que en muchas ocasiones era considerada, erróneamente, de segundo orden. Santa Teresa, con esa elocuencia que le caracteriza, señala que si Marta no hubiera estado, Jesús no hubiera sido atendido. Añade, entonces, que la vida de María se verifica en la vida de Marta, y viceversa. Es decir, la vida de oración se verifica en la vida de servicio. El estar con el Señor, ser María, nos lleva intrínsecamente a ser Marta y a servir a los demás. Si esto no es así, hay algo que no funciona en la vida cristiana. "¿Pedro me amas? Apacienta mis ovejas". Pedro, cuando me ames te verás capacitado y sostenido para servir a los demás.

 

Por último, en la primera lectura que hemos escuchado aparece el primer milagro relatado en los Hechos de los Apóstoles. Pedro y Juan iban al templo a orar y había un lisiado pidiendo limosna en la puerta. Me recuerda la escena del buen samaritano donde también había alguien caído en el camino y pasó un sacerdote a rezar y no se paró. Pasó el levita a orar y no se detuvo. El buen samaritano que es Jesús se inclinó y se arrodilló para ayudarle.

 

 En esta lectura, los Apóstoles ejercen el ministerio del buen samaritano; ellos también iban a orar pero se pararon a atender a este necesitado. El pobre les pedía limosna pero "Pedro le dijo: -No tengo plata ni oro; pero lo que tengo, te doy: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, ponte en pie y echa a andar.". También esto nos recuerda las veces que Jesús curaba a los enfermos, los leprosos, al ciego Bartimeo que estaba al borde del camino y, curado y levantado, caminó con Él. También el Señor se acercó a los que sufrían, a los pecadores y les comunicó su gracia, el perdón de los pecados y la salvación. Este es el ministerio sacerdotal: en la casa de oración, en la casa de Dios, servir al prójimo.

 

Bien conoces, querido Jesús, cuántas mochilas de sufrimiento carga la gente, de tantos tipos: Materiales, no llegar a fin de mes, no tener trabajo. Personales: oscuridad, desengaño, fracaso, desorientación. Familiares: problemas en las familias, familias con violencia, familias rotas. Espirituales: de esclavitudes, de pecado, de odios y violencias? Y este mundo violento que se desangra, que sufre, donde hay guerras... Pues ahí somos enviados por el Señor como Pedro y Pablo, sin oro ni plata, pero con Jesucristo que es la salvación plena de todo ser humano.

Por eso damos gracias a Dios porque te ha llamado y por tu respuesta. Le pedimos que siempre te sostenga y que te acompañe. Que en ese amor suyo que te llama, te convoca y te sostiene, hagas raíz y fundamento de tu vida para que puedas ir a tantas personas con las que te vas a encontrar en tu ministerio a dedicarles tiempo, dedicarles tu vida, a dar lo que tú tienes, es decir, tu vida y Jesucristo, y a servirles como el Señor quiere que sean servidos: "Yo no he venido a ser servido sino a entregar la vida por la salvación de todos".

 

Lo pedimos hoy por intercesión de los Apóstoles Pedro y Pablo en esta fiesta que celebramos y por la intercesión de la Virgen María. Amén

 

+ Mario Iceta