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Santa María Madre de Dios

Muy queridos hermanos y hermanas:

 

Este primer día del año quisiera compartir con vosotros cuatro breves reflexiones pues es una liturgia variada la que hoy nos presenta la Iglesia. La primera es una bendición: Nos ha hablado la primera lectura del libro de los Números que Dios nos bendice, nos da su gracia, nos acompaña y pone en nuestras manos un nuevo capítulo del libro de la vida que inauguramos el día del bautismo para escribir cada día un capítulo distinto. El capítulo que hoy se nos da está bendecido por Dios, como dice San Pablo: "en Cristo habéis sido bendecidos", nos da una humanidad nueva, como dirá el libro del Apocalipsis: " yo todo lo hago nuevo", renuevo toda la creación, renuevo vuestra vida, vuestra existencia. Para renovar de nuevo la existencia hay que nacer de nuevo. Nicodemo pregunta Jesús: ¿Cómo es posible nacer de nuevo? ¿Acaso puede uno entrar de nuevo en el seno de su Madre? Jesús responde: "hay que nacer del agua y del Espíritu". Porque nacemos envejecidos, nacemos para la muerte, pero con el Señor nacemos para la vida a condición que renazcamos de nuevo del agua del bautismo, del Espíritu Santo en el bautismo. El Señor nos da un signo para ello, el signo de la Virgen María. Muchos se preguntan: ¿Cómo es posible que una virgen pueda ser Madre? En este sello virginal de María comienza esta nueva creación.

 

Como ya hemos señalado en otros domingos, esto es distinto de lo que venía ocurriendo en el Antiguo Testamento; mujeres estériles que no podían dar a luz como la mujer de Mano, madre de Sansón. Sara, la mujer de Abraham, era estéril y el Señor le concede la gracia de concebir a Isaac, su hijo. Isabel, la esposa de Zacarías, el estéril y concibe a su hijo Juan el bautista. Con María nos encontramos algo totalmente distinto. No es una mujer estéril, es una mujer totalmente fecunda, además es siempre virgen, y concibe de modo virginal como le dice el ángel Gabriel, fortaleza de Dios: " darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. María pregunta: ¿Cómo puede ser esto posible si no conozco varón?". Como bien conocen ustedes, el matrimonio judío se lleva a cabo en dos etapas: la primera etapa es el desposorio ante el Sumo Sacerdote pero todavía no conviven juntos. En una segunda etapa el esposo lleva a su mujer a su casa, al tálamo nupcial. Por tanto, María no convivía con José. El ángel le dice: " el Espíritu Santo te cubrirá con su sombra porque el que va a nacer no es hijo de José, sino hijo de Dios, el Mesías". A continuación le muestra todos los títulos mesiánicos: Hijo de Dios, heredará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob, su reino durará para siempre. El que nace es la nueva creación, a partir de un signo humanamente incomprensible, de una virgen joven que concibe del Espíritu Santo. Por eso a María le decimos Madre de Dios y los vizcaínos la decimos Madre de Dios de Begoña y Madre nuestra.

 

Que María sea a la Madre de Dios, la Madre de Jesús, es lo que posibilita que nosotros seamos hermanos. Esto nos invita a pasar a la tercera reflexión. El lema que el Santo Padre ha elegido para la jornada de la paz es " ya no más esclavos, sino hermanos". Debemos darnos cuenta que hemos organizado una sociedad, no entorno a la persona humana, no en torno a la centralidad de la familia, si no a los medios de producción. Cada uno somos sometidos a este sistema de producción que, en cierto modo, nos esclaviza cuando la persona no está en el centro. Cuando otras cosas están en el centro ya no nos reconocemos hermanos, sino miembros de un sistema productivo. Aparecen otro tipo de relaciones que desdibujan la relación fundamental de ser hermanos entre nosotros porque somos hermanos de Cristo, porque tenemos un Padre común que es Dios y una Madre común que es María de la que nace también nuestra fraternidad. El Santo Padre nos dice hoy " hay que renacer de nuevo, hay que rehacer las relaciones originarias con las que Dios nos ha creado su imagen y semejanza", nada más y nada menos. Por ello no podemos permitir que hermanos nuestros sean esclavos de los medios de producción, tantos niños esclavizados en tantas partes del mundo, tantas familias que trabajan de sol a sol para recibir una miseria, tantas injusticias...

 

Estas injusticias se resuelven cuando nacemos de nuevo. Este sería la cuarta y última reflexión. Hoy celebramos el día de la paz. Queridos hermanos: la paz se construye primera y principalmente en nuestro corazón, un corazón renovado cuando uno se da cuenta que está hecho para amar, como vocación fundamental, hecho para entregarme al otro, hecho para recibir al otro, que la misericordia y el perdón son los signos de los hijos e hijas de Dios. Recordemos la frase lapidaria de Jesús en el evangelio: " si amáis solamente a vuestros hermanos ¿qué mérito tenéis? También eso hacen los paganos. Vosotros amad a vuestros enemigos, rezad por quienes os odian, orad por los que nos persiguen, entonces seréis hijos de Dios vuestro Padre". Poder perdonar a los enemigos, recomponer una relación que había sido violentada es signo de los hijos e hijas de Dios, de una humanidad nueva. Por ello la paz no se construye con el equilibrio de fuerzas, como decía el Vaticano II, sino que es un Don de Dios que anida en nuestro corazón y lo convierte. La paz se construye a partir del corazón humano que va fluyendo hacia la sociedad y la va transformando en una sociedad de hermanos y hermanas, no más enemigos, no más esclavos, no más contrincantes, sino la fraternidad que es Don Del cielo. Una paz que Dios construye a través de nuestra vida y nuestro corazón. Por eso hoy, queridos hermanos y hermanas, en este primer día del año pedimos que el don de la paz, la bendición de Dios sobre nuestra vida, sobre nuestras familias, sobre nuestro pueblo. Pedimos esa bendición de Dios que se nos da en Cristo que nació pobre y humilde en Belén. Quiera el Señor que seamos miembros que está humanidad nueva, de esta nueva creación, y podamos extender con María y con el Señor nacido en Belén este Reino de Dios, Reino de los hijos e hijas de Dios. Que así sea

 

+Mario Iceta