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La Natividad del Señor

Muy queridos hermanos y hermanas:

 

Hemos celebrado esta noche santa del nacimiento del Señor. Yo quisiera compartir dos consideraciones previas y luego 4 breves reflexiones. Las dos consideraciones previas serían, si seguimos maravillándonos de que Dios se ha hecho niño, de que Dios haya tomado nuestra carne. También es cierto que nos va pareciendo algo normal o igual, desde otra perspectiva, se toma con indiferencia. Que Dios el eterno, el infinito, todo poder, toda misericordia, todo amor, haya querido tomar esta condición pequeña, limitada, como es la condición humana. La segunda consideración: ¡Qué sería de la vida humana, de nuestra vida, si Dios no hubiera tomado nuestra carne! ¡Qué podríamos esperar del mañana, hacia dónde poder caminar sí Él no hubiese tomado esta condición nuestra!

 

Por eso, la primera consideración es lo que nos presenta la primera lectura del profeta Isaías. El profeta dice que el pueblo caminaba en oscuridad. Esto que describió hace 28 siglos es apropiado también para nuestra situación. Es una consideración que ya hemos realizado en los domingos de Adviento. Caminamos, nuestra sociedad camina, el mundo camina pero ¿Hacia dónde? ¿Cuál es nuestra brújula? ¿Cuál es nuestro norte? ¿Que anhelamos, que esperamos? ¿Cuáles son nuestras referencias últimas para poder caminar? Las referencias que tomamos ¿Son realmente verdaderas, son realmente humanas? Ese pueblo que caminaba en tinieblas -continúa Isaías- se le apareció una luz para ver, para saber cómo caminar. Continúa el profeta: esa luz que se les da es alguien que va a romper la vara del opresor, va a liberar a los cautivos, va a quitar lo que esclaviza. Va a venir con su poder para librar la condición humana. La sorpresa es saber quién es. Nos ha dicho Isaías: " un niño se nos ha dado". Ese niño es maravilla de consejero, es Dios guerrero, de la fortaleza. Es eterno y su reino no tendrá fin, y es príncipe de la paz, quien trae la verdadera paz. Un niño, aquél quien ante los ojos del mundo, no tiene poder, es débil, es frágil, es ingenuo. Estas son las características del poder de Dios frente a la soberbia humana, frente al poder del mal. Es el niño que nos trae la salvación, capaz de doblegar los corazones y los brazos más poderosos con su amor y con su misericordia; es la lógica de Dios que contrasta con la lógica mundana, de la fuerza, de la influencia, de prestigio, detener y del poder.

 

En la segunda reflexión referida al evangelio, vemos cómo los evangelistas se esfuerzan en darnos datos concretos para dejar constancia de que el nacimiento de Jesús es un hecho histórico. Hoy san Lucas nos dice que siendo emperador Cesar Augusto y Cirino gobernador de Siria, decretan que todos los ciudadanos debían de ir a completar el censo a su casa. José, de la estirpe de David, tiene que volver a su tierra, la tierra de David el rey. Precisamente, pastoreando el rebaño es cuando el profeta Samuel lo elige rey en nombre de Dios. José tiene que volver a Belén. Nos ponemos junto al borrico con María y José que vienen a cumplir la obra de Dios donde, desde el comienzo se manifiestan las dificultades. Una mujer en cinta, prácticamente para dar a luz, con una semana de camino desde Nazaret hasta Belén, allí van obedientes a la ciudad de David, una ciudad pequeña, Belén. En hebreo significa "casa de pan". Curiosamente a Jesús, cuando nace, le ponen en el pesebre, lugar donde comen los animales. "Casa de pan" y nace el pan en el lugar donde se come; nace el pan de vida. Escuetamente nos ha dicho el evangelista san Lucas que cuando le llegó a María el tiempo de dar a luz, lo envolvió en pañales, lo acostó en un pesebre y no había sitio para ellos en la posada. Envolverlo en el cariño nuestro, en nuestro corazón, con pañales, algo humilde. Quizá también con las dificultades de nuestra vida. Con todas esas dificultades, María lo envolvió en pañales y lo acostó en el pesebre, un lugar cálido, lugar desde el cual Jesús muestra esa extrema humildad. Ese lugar de los animales, solo, mas que con la compañía de sus Padres José y María. También Jesús nace tantas veces en la soledad humana. Y no había sitio para ellos en todo Belén. Jesús no encontró sitio entre nosotros.

 

La tercera reflexión nos dice que a quienes se anuncia el nacimiento de Jesús no son, como era de esperar, los doctores de la ley, los poderosos, sino que se aparece a unos pastores. El ángel se aparece a los sencillos, a los que no tienen un corazón complicado, a los que son capaces de tener el corazón abierto o al misterio de Dios. El misterio tan inimaginable de un Dios que se hacen niño, pequeño. También nosotros necesitamos ese corazón sencillo y humilde para comprender esa lógica de Dios que puede chocar con nuestra lógica y que, ciertamente, choca con la lógica humana. Jesús de mayor dirá "doy gracias Padre, Señor de cielo y tierra porque esto se lo has escondido a los que se creen sabios". Utiliza un verbo en indicativo "se lo escondes", para que algunos, como dice en otro lugar de la Escritura "mirando no vean" y "oyendo no escuchen". Se lo escondes a los corazones endurecidos y se lo revela hasta la gente sencilla. El Reino de Dios es de los sencillos. El Reino de los cielos es de los humildes; por eso necesitamos cambiar nuestro corazón, hacerlo como el de los pastores, sencillo, humilde, entregado.

 

Una última reflexión. El tiempo de Navidad es tiempo de alegría y de esperanza. Quizá, para muchos es un tiempo de tristeza. Muchos no quieren celebrar la Navidad. A muchos les da pena porque les recuerda muchas cosas, les hace sufrir. Yo les ofrecería dos consideraciones: La primera es que quizá se nos vende una Navidad que nos real. La Navidad no son los adornos, lo periférico. El centro de la Navidad no son los espumillones, las grandes cenas, las burbujas de champán; éste no es el centro de la Navidad. Muchos anhelan fiestas perfectas, ideales. O echan de menos cuando había seres queridos que ya han pasado a la casa del Padre. Quizá muchos al asomarse la Navidad sienten esa nostalgia del corazón, la soledad interior, la falta de los seres queridos, se dan cuenta de las limitaciones de su vida. Es precisamente a esos a los que viene a abrazar Jesús. Jesús viene abrazar nuestras heridas, nuestros sufrimientos, nuestras nostalgias... Él sabe que echamos de menos a los seres queridos que nos faltan en la vida. Él sabe que sufrimos por circunstancias de nuestra vida que no van bien. Él sabe que supuran heridas que se han ido haciendo en el corazón. Es ahí donde Él quiere venir. Ese es su pesebre, es ese lugar que Él quiere iluminar y abrazar. Precisamente esos que no quieren celebrar la Navidad porque les hace sufrir necesitan, más que nadie, el Dios con ese sufrimiento, la Navidad, el Dios que consuela las penas, que abre a la esperanza. Por eso, yo os invito -y termino- a celebrar este día de Navidad con alegría, con la de que vivimos, pero con la profundidad de ese misterio verdadero de Navidad; Dios que viene a ser luz en esas oscuridades. Dios que viene abrazar en los sufrimientos. Dios que viene abrir camino en nuestra vida a veces tan cerrada por las dificultades. A acojámosle en nuestro corazón; ese es el pesebre en el que se quiere recostar. Que sea nuestro corazón el lugar donde podamos abrazarle para que Él con su Madre, la Virgen María, sea nuestra luz y nuestra esperanza. Que así sea.

 

+ Mario Iceta