Homilía Misa Crismal - www.bizkeliza.org
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Misa Crismal

Cantaré eternamente las misericordias del Señor

Misa Crismal 2015

 

Anai-arreba maiteok:

1. Pozez beterik etorri gara Meza honetara. Bertan gure kristau bizitzako oinarriak ospatzen ditugu, Pazkoaren atarian. Jainkoaren herri lez alkartu gara, tokiko Eliza honen eliza nagusian. Jaunaren errukia abestu gura dogu, eta gure bokazioa barriztu eta sendotu.

Celebramos con conmoción interior esta santa Misa Crismal. Una celebración que evoca en nosotros elementos fundamentales de nuestra vida: Es una celebración que nos guía a la puerta misma del Santo Triduo Pascual. Es precisamente de este Triduo de donde proviene toda la fuerza de lo que esta mañana vamos a realizar: la consagración de los óleos que van a ser utilizados en toda la diócesis como cauces de la misericordia del Señor en la celebración de los sacramentos. Es una celebración que nos une como pueblo sacerdotal, profético y real. Y para quienes hemos recibido la unción del crisma de modo particular el día de nuestra ordenación nos ayuda a hacer nuestra aquella exhortación del apóstol Pablo: ?reaviva el don de Dios que recibiste por la imposición de las manos?, y nos hace conscientes de pertenecer a una realidad muy hermosa: la Iglesia de Bilbao, el presbiterio diocesano que unido a su obispo y ayudado por los diáconos quiere renovar su entrega generosa al servicio del pueblo de Dios, de modo particular de los necesitados, confiados en la Palabra de Aquél que nos llamó, nos capacitó para el ministerio y nos sostiene diariamente con su gracia.

 

2. Jainkoaren errukiak gugan eragindakoa gogoratu, eskertu eta goratu egin gura dogu. Jainkoa leiala da eta gurekin eta gutariko bakoitzarekin egindako itunari eusten deutso zintzo. Bera dogu argi, salbamen eta pozbide. Zelan ez emon eskerrak!

?Cantaré eternamente las misericordias del Señor?. Es el estribillo del salmo 88 que hemos cantado en la liturgia de hoy. Cuántos motivos para dar hoy gracias a Dios por su misericordia. Cómo no rememorar tantos dones recibidos, tanta misericordia derramada a lo largo de los años de nuestra existencia: ?He ungido a David mi siervo para que mi mano esté siempre con Él. Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán. Él me invocará, Tú eres mi Padre?. Estas mismas palabras que se refieren proféticamente a Cristo, dichas a David, también se aplican a nosotros. Dios nos ha ungido, nos ha consagrado, nos ha hecho suyos y su fidelidad y misericordia nos acompañan. Es la luz de nuestra vida, es nuestro descanso y la fuente de nuestra esperanza.

 

3. Jainkoaren Espirituak argitzen gaitu. Berak zuzentzen dau gure Eliza, gure elizbarrutia. Bere eskuetan gagoz. Bera da gure poza ilunaldietan eta gure atsedena estualdietan.

Esta misericordia se manifiesta especialmente en la unción con el Espíritu Santo: ?El Espíritu del Señor está sobre mi?. Hemos recibido la Persona amor. Sus dones son dones de los reyes del antiguo testamento: fortaleza, también dones de los profetas: consejo y de los sacerdotes. Cómo no maravillarnos de haber sido tocados por la mano de Dios. Cómo no estremecernos ante la presencia del Espíritu de Dios en nosotros.

 

4. Jainkoak sagaratuak gara eta, era berean, bialduak, Beragandik hartutako errukia zabaltzera. Osatuak izan ahala gara osagile, baketuak izan ahala bakegile.

La unción conlleva una misión. Somos operadores de la misericordia de Dios. Como os decíamos en la carta pastoral de este año, en este conmovedor hospital de campaña, nosotros hemos sido atendidos y sanados y ahora estamos llamados a extender esta tienda para que de cobijo a los heridos de la vida.

 

5. Azken Afarian, Nekaldian, hilobian eta biztueran, Jainkoak deuskun errukiaren zenbat ezaugarri! Olioen bidez hartzen dabe Jainkoaren igurtzia bateatuak, kristau bizitzaren hasieran; olioen bidez hartzen dabe kontsolamendua gaixoak eta nagusiak; olioen bidez agertzen dogu Jaunak emoten deuskun masajea, leial jokatzeko kristau bizitzako unerik garrantzitsuenetan.

Cuánta misericordia has derramado en nosotros. Estos días nos preparamos a contemplar esta misericordia que se ha hecho carne: en la Santa Cena, en la Pasión, en el silencio del sepulcro y en la resurrección se consuma para siempre el amor de Dios por la humanidad. La creación nueva ha sido inaugurada y el Espíritu quiere renovar con fuerza una humanidad extenuada y desorientada. Estos óleos que hoy consagramos serán signo de esta vida nueva que Dios nos otorga, unción para los hijos e hijas, alivio y consuelo para los enfermos y ancianos, acogida y compañía para quienes viven solos, han perdido sus familias o sus hogares o se han sumido en la desesperanza, o se han cansado de vivir. El aceite significa vigor, promesa, esperanza, comunión, perdón, misericordia, eternidad. Que desde esta iglesia madre, que es la catedral en la diócesis, nos sintamos nuevamente ungidos y vigorizados por el Señor, reconstituidos con su gracia y enviados con energías renovadas a portar este ungüento de misericordia, esta gracia que devuelve la vida a aquellos que necesitan percibir que Dios no les ha abandonado, que es verdad que la fidelidad y misericordia del Señor nos acompaña siempre.

 

6. Bizi dagigun sakon Aste Santua, Jesusen heriotza eta biztuerako misterioak. ?Hil eta biztu zarala Jauna?: hauxe da gure sinismenaren misterioa.

Os animo a vivir con profundidad, pegados a Cristo Jesús, los misterios de su muerte y resurrección que expresan su amor infinito por nosotros. Que tengamos tiempo de orar y meditar, de acompañarle en el trance supremo de su existencia y percibamos el modo en que ha querido amarnos hasta el extremo. Como nos ha dicho el libro del Apocalipsis, contemplemos al que ?nos ama, al que nos ha librado de nuestros pecados con su sangre y nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios su Padre, a quien es Alfa y Omega de nuestra existencia, que es, era ha de venir y es todopoderoso? (cfr. Ap 1, 5-8). Acompañemos también a María. Contemplar los misterios de Cristo con los ojos de María nos hará comprender y experimentar hasta qué punto la misericordia de Dios nos ha abrazado y así  podremos cantar, con nuestras vidas, esta misericordia que se derrama copiosamente sobre toda la humanidad.

 

+ Mario Iceta

Obispo de Bilbao