homilía IV de Cuaresma - www.bizkeliza.org
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homilía IV domingo de Cuaresma

Queridos hermanos y hermanas:

 

En esta mañana gozosa para esta comunidad parroquial quisiera compartir tres reflexiones con vosotros. La primera, sobre las lecturas que hoy nos presenta la liturgia; este misterio del juego entre la libertad humana y la libertad de Dios. La segunda reflexión sería sobre la comunidad parroquial que celebra hoy su 50 aniversario de la dedicación de este su templo parroquial y, la tercera reflexión, el día de las misiones que celebra nuestra iglesia diocesana, precisamente en esta parroquia que lleva como titular al patrono de las misiones, San Francisco Javier.

 

Respecto a la primera reflexión, ciertamente la vida humana es un misterio y la relación con Dios es aún un misterio mayor en este juego de la libertad en que consiste la salvación. Dios nos ha creado libres porque nos ha creado a su imagen. Sólo los seres espirituales son libres: los seres humanos, los ángeles y los demonios son libres. Todos los demás elementos de la creación siguen las pautas que Dios, en su infinita sabiduría, ha ido pergeñando para ellos: los astros siguen sus órbitas, los animales cumplen su cometido. La naturaleza tiene su maravilloso equilibrio que muchas veces nosotros golpeamos y alteramos. Sólo el hombre puede alzarse ante Dios diciéndole: -aquí estoy yo con mi libertad. Esa es precisamente la grandeza del ser humano, su propia libertad.

 

En esa grandeza reside también su propia debilidad. El ser humano puede utilizar su libertad de modo capaz de destruirse a sí mismo y a los demás. Hemos escuchado en la primera lectura cómo el pueblo judío, pueblo escogido por Dios, había traicionado repetidamente la Alianza. De esta infidelidad había resultado la dolorosa experiencia que hemos escuchado. Desterrado de su casa, el pueblo judío vaga por tierras extrañas dónde va a vivir esclavizado. Es la misma experiencia del hijo pródigo que vivía en la casa del Padre. Aburrido de vivir en el hogar, fue tentado para ir más allá de esa casa. Pidió su herencia con una libertad que el Padre respeta. Vosotros que sois padres y madres bien sabéis, cuando un hijo se suele equivocar, qué difícil es animarle a que no se equivoque y al mismo tiempo respetarle; es el misterio de la libertad. El hijo pródigo marcha de la casa del Padre. Queda esclavo en tierra extranjera al igual que el pueblo judío de la primera lectura; esclavo del pueblo asirio, del pueblo babilonio, del pueblo caldeo. El hijo pródigo queda esclavo de un animal impuro al que tenía que dar de comer. De esta historia, ciertamente lamentable, afortunadamente aparece la misericordia infinita del Señor.

 

Bien sabéis que la misericordia es un tema muy querido por el Santo Padre Francisco. Acaba de convocar para el año que viene un año Santo de la misericordia para toda la iglesia universal. También los obispos del País Vasco hemos querido escribiros una carta pastoral titulada "Misericordia entrañable". ¿Qué significa misericordia? Significa que Dios es siempre fiel, que siempre quiere rehabilitar nuestra dignidad. Significa que no sólo nos espera sino que sale a buscarnos y mueve nuestro interior. Hemos visto en la primera lectura como Dios mueve interiormente a un pagano, Ciro el rey persa, para que el pueblo judío pueda retornar a su casa. También Dios en la parábola del hijo pródigo, hace mover el corazón de éste para que vuelva la casa de su Padre. La iniciativa es siempre de Dios. También la conversión es un don de Dios, es Él quien toma la iniciativa y nos mueve. Por eso, en este tiempo de Cuaresma tenemos que escuchar su voz. Él ha salido a buscarnos, nos espera. Pero no podrá hacer nada si nuestra libertad no colabora. Como digo, nuestra libertad no es una patraña sino el don grande que Dios nos ha dado. Ojalá que en este tiempo nuestra libertad se vea movida por esa misericordia entrañable de Dios que nos busca, que quiere nuestro bien y nos pide que desandemos caminos que equivocadamente hemos recorrido, las veces que hemos hecho daño y las cosas que nos hacen mal y destruyen la dignidad de los hijos e hijas de Dios, la familia humana. Es donde aparecen las guerras, las muertes, los dolores de la humanidad. "Ojalá escuchéis hoy su voz" -como dice el salmo- "No endurezcáis vuestro corazón". Este es el don del Señor que hoy nos llama a volver a Él.

 

La segunda reflexión hace referencia a lo que es una comunidad parroquial. Aquí vuelve a aparecer la misma idea: una comunidad cristiana no se autoconstituye como asamblea. Es Alguien quien nos ha llamado; es lo que significa "Ecclesia", convocados por alguien que nos precede y ha pensado para nosotros un hogar, un lugar donde vivir. Por eso hoy, antes que a nada y que a nadie, tenemos que dar gracias a Dios porque es Él quien nos ha convocado, nos ha llamado. En la vida cristiana, el primer movimiento es recibir. Hemos recibido la vida, la familia, la gracia, la iglesia... El primer movimiento es recibir los dones de Dios pues tiene Él la iniciativa. Como dice la Escritura: " Él nos amó primero". Esto nos tiene que llenar de paz y de confianza porque esto lo lleva otro, superior a nuestras fuerzas y nuestra imaginación. Es el proyecto de Dios y es el don que Dios nos hace. Es lo que hacemos en el comienzo de la Eucaristía poniéndonos de pié para recibir a Cristo, su presencia, pues Él nos alimenta con su Palabra, nos de su Cuerpo y su Sangre y respondemos "Amén", yo lo acojo, yo lo creo, lo hago mío, me incorporo a ello... Ante todo "hágase". La Virgen María, cuando el ángel Gabriel le muestra el plan de Dios responde en verbo pasivo: -"Hágase en mi", pues la iniciativa es de Dios y Ella se deja hacer, va a colaborar con ese plan originario de Dios. María va a poner todo su ser en secundar la iniciativa de Dios. Así debe ser una parroquia; una comunidad constituida por el Señor que es lo que le diferencia de un "Txoko", una sociedad gastronómica, es decir, lo constituimos nosotros y elegimos su presidente. Aquí no, el Presidente ya está elegido, es Dios quien nos asocia a su Iglesia para que recibamos el don del bautismo, de la Eucaristía, donde venimos a bendecir el amor del matrimonio, donde hemos ungido a los enfermos y encomendado a Dios el alma de los difuntos. Aquí los cristianos recibimos el don de Dios.

 

Tercera y última reflexión. Recibimos para darnos como reza el lema de la jornada diocesana de las misiones de este año: "Compartir nos" una vez que hemos recibido el don de Dios, el don de Cristo, eso debe fructificar en nosotros con la colaboración de nuestra libertad y ahora sí podemos comprometernos y darnos a los demás porque Dios se nos ha dado, porque Dios nos ha transformado convirtiéndonos en los primeros pacientes de este "hospital de campaña, hospital de misericordia" que es la Iglesia, hermosas palabras del papa Francisco. También el papa Benedicto XVI decía en la Exhortación Apostólica ?Sacramentum Caritatis?, que recibimos la Eucaristía como don de Cristo para que ahora nosotros, con la fuerza de la Eucaristía, podamos ser un don para los demás. Una vez que hemos recibido a Cristo podemos darnos a los demás, compartir con los demás, como el Señor nos ha enseñado y lo hace cada vez que compartimos su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía.

 

Tenemos muchos heridos a los que ofrecer al hospital de campaña. Ciertamente esta es una parroquia económicamente saneada, pero eso no quiere decir que no haya muchas miserias y problemas. Es posible que en este barrio, en esta comunidad, no haya personas que tengan graves problemas económicos, ahora bien, ¡Cuántos problemas de soledad, de incomunicación, de no buscar sentido a la vida, de desesperanza, de no encontrar sentido a las cosas, de fracaso! Las necesidades humanas no sólo son materiales. Aún siendo urgentes e inmediatas, hay muchas necesidades y yo estoy convencido que el drama más importante que experimentan muchos hermanos y hermanas nuestros hoy es la soledad. ¡Cuántas personas solas y sin ilusión, desesperanzadas! Por eso decimos que debemos compartir no sólo nuestro dinero sino nuestro tiempo, nuestra sonrisa, nuestra vida, dar compañía, acompañar a los demás, hacernos presentes en las soledades. Como dice el Papa, "primererear", involucrarnos, intentar llevar ese gozo y de esa presencia del Señor y que traspase las fronteras en este día de las misiones. El amor siempre vence a las fronteras. Debemos aprender a salir de nuestra parroquia para hacer "Unidad Pastoral". Salir de nuestra "Unidad Pastoral" para hacer diócesis. Salir de nuestra diócesis para hacer un mundo nuevo. Por ello yo me alegro que vuestro anterior párroco haya respondido a la llamada de Dios para marchar a Ecuador, para ser testimonio del Señor en medio de gente empobrecida y necesitada. Estoy seguro de que vosotros compartís vuestros vienes con los necesitados de Bilbao, de la diócesis y también, con los necesitados más allá de nuestras fronteras, donde hay pobrezas tan agudas que destruyen la dignidad humana.

 

Hoy damos gracias a Dios porque nos ofrece el don de la conversión. Damos gracias a Dios porque esta obra es ante todo suya. Él ha movido los corazones, el mueve a las personas, nos inspira interiormente. Damos gracias a Dios porque tantas personas responden a la llamada de Él: sacerdotes, catequistas, colaboradores, religiosas, bienhechores que han construido y construyen esta parroquia con su dedicación, con su tiempo, con su entrega en la catequesis, en el servicio a los enfermos, en Cáritas, en la liturgia... Y también porque tantos de vosotros os empeñáis en que este amor traspase toda frontera y con vuestra ayuda económica y oración personal llegue a tantos empobrecidos como Cristo nos ha mandado; que seamos en Él uno en el amor. Se lo pedimos hoy por la intercesión de San Francisco Javier, titular de esta parroquia. Pedimos la intercesión de la Virgen María. Encomendamos al Señor a los en hermanos y hermanas fallecidos en esta parroquia a lo largo de estos cincuenta años. Pedimos al Señor el don de su gracia para que nos mantenga y sostenga en su amor siendo discípulos suyos, sus testigos misioneros. Amén.

 

+Mario Iceta