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Misioneros de Bizkaia acompañando en la pandemia y denunciando la explotación injusta de recursos

creado por 5º aniversario de la Laudato Si´ |
|   Comunicación

En el marco de la celebración del 5º aniversario de la publicación de la Laudato si’, del Papa Francisco, desde Misiones Diocesanas Vascas quieren hacer presentes a tantas personas y pueblos que están viviendo en la pobreza debido a la explotación injusta de los recursos de la naturaleza. En la Amazonía, el reciente vertido de petróleo a los ríos Napo y Coca, pone de manifiesto que tenemos mucho camino por recorrer para hacer de nuestro mundo una casa común, una verdadera familia humana “pero hay muchas comunidades cristianas en el mundo trabajando junto a otras organizaciones implicadas para que sea posible”, resaltan. La Laudato si’ nos da muchas pistas. Acompaña a estas líneas el vídeo de agradecimiento del misionero vizcaíno en la Diócesis de Babahoyo (Ecuador), Paulino Ordax, por la ayuda alimentaria que han recibido ante la COVID-19.

Gran parte de la población mundial vive en la pobreza y la covid 19 ha agravado esta situación.  Desde los lugares donde se encuentran algunos de los misioneros y misioneras de nuestras diócesis, siguen llegando noticias y las delegaciones de Misiones diocesanas vascas siguen apoyando su labor en distintos países. Desde el primer momento de esta crisis sanitaria se han hecho varios aportes económicos a diferentes proyectos de los que ya hemos venido informando, a los que se suma otros 10.000 euros enviados a la Diócesis de Babahoyo (pastoral social-Cáritas); 6.360 euros a la Diócesis de Machala Santa Rosa; 3.000 euros a la Asociación de mujeres “Anudando” de Quito; 10.000 euros a la Arquidiócesis de Portoviejo; 5.000 euros a Kayenzi y 5.000 euros para Caritas Mugina (Ruanda) 

Algunos datos

El presbítero misionero de Sondika, Félix Urkijo y la misionera de León, Mari José Salazar, ambos de Adsis, explican que en Esmeraldas, la provincia ecuatoriana donde están trabajando, viven más de medio millón de habitantes, y sólo cuentan con 3 respiradores. Otro dato de Ecuador: un porcentaje muy alto de familias, el 80% en la provincia de Manabí y 95% en la de Guayas, vive de lo que vende al día, por lo que tras dos meses de confinamiento estas familias se han quedado en una situación de total desamparo.  

La violencia intrafamiliar que, por desgracia, está presente nivel mundial se está agudizando durante el confinamiento, sobre todo en lugares donde las familias viven hacinadas en espacios reducidos, como expresaba con dolor el presbítero de Bilbao, Alfonso López, desde El Alto, en Bolivia. 

Solidaridad

La diócesis de Babahoyo sigue adelante la campaña “En esta barca remamos todos unidos”, a través de la cual, con la ayuda de voluntariado, los alimentos recogidos gracias a las donaciones de los vecinos y vecinas, los pequeños y no tan pequeños comercios que han arrimado el hombro y la colaboración de nuestras diócesis.  

Ha aflorado la solidaridad de la gente a pesar de la pobreza pues se comparte de lo poco que se tiene:  Se han hecho envíos de ayuda entre provincias de Ecuador, por ejemplo, se han enviado varios camiones con comida de Manabí a Guayas o en Perú, donde familias y comunidades se agrupan para apoyarse mutuamente en las Ollas comunes. Sólo en Alto Trujillo hay 3.000 personas organizadas.  

En la RD Congo en el primer momento fue un sentimiento de pánico, una desesperación y un profundo miedo al ver que Europa y América, que tienen unos servicios de salud bien organizados, pudieran tener un porcentaje tan alto de mortalidad. El confinamiento fue un mal añadido porque la mayoría de la gente vive al día, y sin actividades “moriremos más de hambre que del coronavirus. Debido al confinamiento, todo se volvió caro, el saco de harina de 25 kg costaba 50 dólares, lo que produjo un desastre al agregar miseria y desesperación. Por otro lado, hay quienes no creen en esta enfermedad pensando que es el gobierno quien hace esto para robar el dinero. Los sentimientos son por lo tanto mezclados” explica la religiosa sor Virgine Lazadie, desde el hospital de Kansenia.

La vizcaína Maribe Bengoetxea, misionera mercedaria de Berriz, que ha dedicado toda una vida a la Misión en la República Democrática del Congo, reflexiona sobre esta situación “tenemos que sacar muchas lecciones de este suceso. De los que mandan –dice-, pienso que algunos también las saquen, no todos, porque de lo que se trata aquí es de cambiar la humanidad, las personas, todas. Estén haciendo lo que estén haciendo tenemos que cambiar y así el cambio será seguro. Pero sí creo que este hecho ha sacudido muchas conciencias, y eso es bueno”.