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“Apostar por el voluntariado tiene sentido”

creado por Álvaro Pascual, experiencia misionera en El Alto (Bolivia) |
|   Comunicación

Adrián Fuente, Ainhoa Zulueta y Álvaro Pascual, participaron en la edición anterior del curso de formación Norte Sur de Bilbao y este verano viajaron a Bolivia donde permanecieron en el mes de agosto colaborando con el equipo misionero de ADSIS que trabaja en la zona de El Alto, en el barrio de Senkata. Esta semana, en esta misma web Álvaro Pascual animaba a participar en el curso Norte Sur que para él ha sido “muy enriquecedor” y le ha servido –dice- “para plantearme y cuestionarme muchas cosas”.

Álvaro, estudiante de Enfermería y de Educación Social, proviene de un grupo eskaut de Rekalde desde los 9 años y ahora es monitor. Dice que, desde hace mucho tiempo, tiene inquietudes de formación sobre la realidad Norte Sur y que, el curso pasado, al ver que la Diócesis ofrecía la oportunidad de hacer este curso se decidió y tras concluir el curso, este verano ha estado en El Alto “No conocía mucho de Bolivia. Al llegar lo que más te impacta es el tema de la altura, nos encontramos con una ciudad muy llena y muy nueva, de unos 50 años, en constante crecimiento”.

En la semana del Domund acercamos su testimonio

Estuvieron en el Alto, en el Centro de Apoyo escolar UTASA de la Comunidad Adsis, “por la mañana los niños y niñas que iban al colegio, por la tarde asistían al apoyo escolar y viceversa”. Álvaro y sus compañeros colaboraban en la Biblioteca fomentando lectura y haciendo de cuenta cuentos… y en la ludoteca, donde, a través del juego trabajaban sobre diferentes valores cada mes, en concreto en el mes de agosto “autoestima e identidad”. De lunes a viernes, trabajaban de 9 a 6 aproximadamente, comían con ellos y se hacía un apoyo nutricional. Álvaro y otra de sus compañeras, Ainhoa, estudiante de medicina una de las semanas, pudieron hacer un control pedriático a niños y niñas del centro: "pesar, medir, mirar la vista…, para que la información llegue a la familia y sepan si hay que ir al médico”.

Los sábados colaboraban en el centro juvenil, “con jóvenes voluntarios que hacían actividades para chavales y chavalas del barrio, talleres de música, repostería, danza… fomentando un ocio diferente y una manera de no estar siempre en la calle”.

“A nivel personal –concluye Álvaro- lo que me he traído son las ganas de seguir. Afianzar este estilo de vida de voluntariado y servicio, apostar por esto tiene sentido y hacer un poco más fácil el día a día al resto. Llegué y desconocía esa realidad. A nada que hiciésemos nos lo agradecían muchísimo. Eso ha sido importante para traernos de vuelta. A nada que hacíamos nos daban muchísimo cariño. Los pequeños gestos del día a día que aquí se me pasaban desapercibidos ahora he aprendido a valorarlos más”.