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Vigilia Pascual

Muy queridos hermanos y hermanas:

 

Cuando Jesús les hablaba de que tenía que padecer, morir y resucitar de entre los muertos, los discípulos no entendían lo que les quería decir, señalan los evangelios.  De hecho, el evangelio nos dice que esa noche fueron las santas mujeres a embalsamar el cuerpo de Jesús porque el día de la Pascua no habían tenido tiempo. Se encuentran con estos seres vestidos de blanco, los ángeles, que les dicen que ha resucitado; en griego significa "ha sido alzado, levantado".

 

Todas las lecturas que hemos escuchado esta noche en el Antiguo Testamento, cinco lecturas a las que hemos respondido con el salmo cantado y con una oración sálmica, cinco palabras, son profecía de la resurrección. La primera lectura del Génesis indicaba cómo al comienzo de la creación aleteaba el Espíritu, y Dios pidió que se hiciera la luz: Espíritu y luz; Cristo es la luz. Por eso, en el principio de la creación está ya Cristo y el mundo se hace en el Espíritu Santo que es la Persona amor. Por ello mismo, la resurrección es obra del Espíritu que vivifica a Cristo, lo levanta de los muertos, el amor levanta a Cristo de entre los muertos siendo así nuestra luz. Hay una antigua oración de los primeros cristianos que recoge san Pablo en la Carta a los Efesios que dice: "Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz". Despertar, levantarse y ser iluminado. Es lo que le ocurre a Cristo esta noche y lo que nos ocurre a nosotros también. Así nos lo ha dicho la carta de San Pablo a los Romanos: "Por el bautismo fuimos incorporados a Cristo". Estamos llamados también nosotros a despertar de nuestra modorra, de las cosas que nos distraen de lo esencial. Muchas veces vivimos en lo periférico, en lo superficial. Despierta tú que duermes, resucita, levántate de entre los muertos para que Cristo sea luz para tu caminar.

 

La segunda lectura del Antiguo Testamento nos hablaba de una llamada; Abraham fue llamado. Nosotros también somos llamados. No estamos aquí por propia iniciativa, alguien nos ha llamado, curiosamente el mismo significado que la vocación, y que el término ecclesia que significa "los convocados, los llamados". Abraham fue llamado de su tierra y nosotros hemos sido llamados. Cristo también fue llamado del sepulcro. En la tercera lectura del libro del Éxodo hemos escuchado cómo el pueblo hebreo sale de la esclavitud. Ser llamados para salir a la vida, a la luz, para dejar las tinieblas, para volver a Cristo, para volver a nuestra vida, a nuestra verdad.

 

Los profetas, en la cuarta y quinta lectura, nos han hablado de un camino: "Como distan el cielo de la tierra, así mis caminos nos son vuestros caminos, ni mis planes son vuestros planes". Vuestros caminos son pequeños y mis planes son amplios y diáfanos, caminos de vida. Jesús nos dirá: yo soy el camino. Caminemos con el Señor con el corazón nuevo.

 

De la misma manera nos lo ha dicho en la quinta lectura el profeta: "Os arrancaré el corazón de piedra" duro, orgulloso, cerrado, mezquino, incapaz de perdonar, siempre buscándose a sí mismo, buscando las propias cosas y "os daré un corazón nuevo" para que ames al otro, para que hagas feliz al otro, para que te entregues al prójimo. Esto lo hace Cristo, como dice San Pablo, no resucitó para sí mismo, sino para nosotros. Alcanzó la vida para nosotros, para llamarnos y hacernos salir y caminar. Para vivir con un corazón nuevo. Para que el amor sea el motor en nuestra vida. Para que vivamos en la luz. Por eso, esta celebración se realiza en la noche cerrada. Hemos pasado un día sin liturgia, en silencio, el sábado Santo pero en esta noche brilla la luz pascual que la hemos tomado de Cristo, el Señor. Ha iluminado nuestra vida y nuestra historia y ahora nos va a entregar su Cuerpo y su Sangre en la Eucaristía. Pidamos en esta noche santa que el Señor nos llene de su alegría y de su esperanza.

 

Os decía hace un par de días que el Papa usa esa palabra especial "balconear". El Papa dice "no balconeen la vida". No balconeemos tampoco la Pascua de Cristo, hagámosla nuestra. Unámonos a esta vida que Cristo esta noche nos entrega y alegrémonos con el gozo de la Iglesia, con el gozo de la Virgen María. Amén

 

+Mario Iceta