Acompañando en la muerte con calidad humana y pastoral

La muerte en nuestro ámbito cultural es una realidad en gran manera tabú, negada o confinada en las paredes del hospital o del tanatorio. Y, sin embargo, no deja de ser una realidad casi excesivamente familiar por la frecuencia y evidencia con la que se presenta en nuestro entorno o salta como noticia en los medios de comunicación.

Aunque el duelo se defina como una reacción adaptativa normal ante la pérdida de un ser querido, es un acontecimiento vital estresante de primera magnitud, que tarde o temprano hemos de afrontar casi todos los seres humanos. Por eso es un período de crisis, un estado de choque en todo el organismo que puede dar lugar a alteraciones físicas y complicaciones psicológicas.

Cada persona es única por definición y así expresará y vivirá "su duelo". El profesional o el agente de pastoral que tenga como tarea acompañar y atender a una persona en duelo o a un enfermo y a su familia en una situación de enfermedad terminal tiene que conocer este proceso para acompañar y sugerir pautas y caminos, pero respetando ritmos y estilo personales y conociendo los pasos a dar y por dónde se mueve la persona en duelo, sin nerviosismos ni aceleraciones.

Conscientes de nuestra responsabilidad, desde Pastoral de la Salud comenzamos el año pasado a formarnos para esta tarea. En concreto el mes de octubre hemos desarrollado dos actividades de formación en esta dirección. La primera de ellas corrió a cargo de Magdalena Perez Trenado, psicóloga de Logroño, especialista en duelo y se organizó en colaboración con Bolunta los días 7 y 8 de noviembre. En el curso participaron 22 personas, mayoritariamente agentes de pastoral de la Salud de parroquias y hospitales. Pocos días más tarde, el día 18 de noviembre, fueron un grupo de 25 profesionales de la salud los que participaron en un encuentro de formación en Barria, dirigido por Angel Pascual, psicólogo responsable del equipo de ADES de Baracaldo que se dedica a la formación de profesionales en este tema.

Es imposible en este breve espacio, transmitir lo aprendido en los cursos. Pero creo que puede resultar de interés recoger de manera sintética lo que debemos y no debemos de hacer cuando acompañamos a personas que sufren por la pérdida de un ser querido tal y como lo expresa R.A. Neimeyer.

COSAS QUE SE DEBEN Y QUE NO SE DEBEN HACER

CUANDO SE AYUDA A UNA PERSONA QUE HA SUFRIDO UNA PÉRDIDA

Cosas que no se deben hacer

Cosas que se deben hacer

Obligar a la persona a asumir un papel diciendo

"lo estás haciendo muy bien" Debemos dejar que la persona tenga sentimientos perturbadores sin tener la sensación de que nos está defraudando.

Abrir las puertas a la comunicación. Si no sabe qué decir pregunte: ¿Cómo estás hoy? O he estado pensando en ti, ¿cómo te está yendo?.


Decirle lo que tiene que hacer.

En el mejor de los casos esto refuerza la sensación de incapacidad de la persona y en el peor nuestro consejo puede ser contraproducente.

Escuchar el 80% del tiempo y hablar el 20%.

Hay muy pocas personas que se tomen el tiempo necesario para escuchar las preocupaciones más profundas de otro individuo. Sé una de ellas. Tanto tú como la persona que ha sufrido la pérdida podéis aprender cosas en el proceso.

Decirle "Llámame si necesitas algo"

Este tipo de ofrecimientos indefinidos suele declinarse y la persona que ha sufrido la pérdida capta la idea de que nuestro deseo implícito es que no se ponga en contacto con nosotros

Ofrecer ayudas concretas tomar la iniciativa de llamar a la persona. Si además respetamos la intimidad del superviviente este valorará nuestra ayuda concreta con las tareas de la vida cotidiana.

Sugerir que el tiempo cura todas las heridas. Las heridas de la pérdida no se curan nunca por completo y el trabajo de duelo es más activo de lo que sugiere esta frase.

Esperar "momentos difíciles" en el futuro, con intentos activos de afrontar sentimientos y decisiones difíciles durante los meses que siguen la pérdida.

Hacer que sean otros quienes presten la ayuda.

Nuestra presencia y preocupación personal es lo que marca la diferencia.

"Estar ahí", acompañando a la persona. Hay pocas normas para ayudar, aparte de la autenticidad y el cuidado.

Decir "sé cómo te sientes".

Cada persona experimenta su dolor de una manera única, por lo que lo mejor que podemos hacer es invitar al afectado a compartir sus sentimientos en lugar de dar por supuesto que los conocemos.

Hablar de nuestras propias pérdidas y de cómo nos adaptamos a ellas. Aunque es posible que esa persona en concreto tenga un estilo de afrontamiento diferente al nuestro, este tipo de revelaciones pueden servirle de ayuda.

Utilizar frases manidas de consuelo como "hay otros peces en el mar" o "los caminos del Señor son insondables". Esto solo muestra a la persona que no nos preocupamos lo suficiente por entenderla.

Establecer un contacto físico adecuado poniendo el brazo sobre el hombro de otro o dándole un abrazo cuando fallan las palabras. Aprenda a sentirse cómodo con el silencio compartido en lugar de parlotear intentando animar a la persona.

Intentar que la persona se dé risa en superar su dolor animándola a ocupar su tiempo, a regalar las posesiones del difunto, etc? El proceso de elaboración del duelo requiere tiempo y paciencia y no puede hacerse en un plazo de tiempo fijo.

Ser paciente con la historia de la persona que ha sufrido la pérdida y permitirle compartir sus recuerdos del ser querido. Esto fomenta una continuidad saludable en la orientación de la persona a un futuro que ha quedado transformado por la pérdida.



Marije Goikoetxea

Directora del Secretariado de Pastoral de la Salud