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Salud y Tercera Edad

Guión para la Eucaristía - Pascua del Enfermo

VI Domingo de Pascua

Monición de entrada

La Pascua nos llena de alegrías, gozos y esperanzas y el mundo parece que cobra nueva vida. La presencia del Señor resucitado nos anima a quitar las cruces del mundo, aliviando el sufrimiento y proclamando el triunfo de la verdad y de la vida. Pero no siempre es fácil la tarea y no acabamos de hacerla nuestra, no acabamos de hacer una opción decidida y visible por la liberación del ser humano, en particular de quienes más sufren, de quienes más lo necesitan.

La celebración gozosa de la Pascua del Enfermo nos reúne en torno a Cristo resucitado en esta Eucaristía.

En la escucha de la Palabra, en la oración y en la fracción del pan, viviremosla experiencia de Comunión con Cristo Resucitado para llenarnos de su entrega y su deseo de vida plena para todos. Él nos anuncia la llegada de su fuerza, el Espíritu Santo, para que no sintamos la soledad en la tarea.

Acto penitencial

Nuestra liberación no se logra sino a base de amor y perdón, tolerancia y libertad, respeto a la dignidad de la persona, servicio a la verdad y a la vida, promoción del pobre y desvalido, fraternidad y solidaridad, especialmente con los más humildes. En el silencio nos reconocemos pequeños y limitados, y pedimos al Padre su perdón:

  •  Cuando olvidamos el amor y el servicio a las personas, y creamos normas que a nadie ayudan. Tú, que eres la Palabra eterna del Padre. SEÑOR, TEN PIEDAD.
  • Cuando olvidamos el compromiso y la entrega para hacer un mundo nuevo, y nos encerramos en nuestros pequeños “paraísos”. Tú, que vives para siempre y estás presente entre nosotros. CRISTO, TEN PIEDAD.
  • Cuando no vivimos como resucitados y cargamos cruces sobre los demás, en lugar de ayudar a superarlas. Tú que nos haces miembros de tu Iglesia. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Liturgia de la Palabra

Hch 15,1-2.22-29. Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables.

Desde el principio de la Iglesia surgen problemas y confrontaciones, porgue necesita ir creciendo. La apertura de la Iglesia al mundo no judío supone encontrarse con moldes y realidades religiosas distintas a las conocidas, y los apóstoles supieron encontrar pronto el camino para superar la confrontación y descubrir que los preceptos humanos no son lo fundamental, que lo central de la vida cristiana es Cristo, el Señor. Los apóstoles, reunidos en concilio, construyen la Iglesia basada en la comunión y en la diferenciación.

Sal 66. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.

La Biblia de Jerusalén da a este salmo el título de Oración pública después de la recolección anual. En él el pueblo pide la bendición, la recibe y alaba a Dios por ella. Era recitado probablemente durante la fiesta con que se daba por terminada la cosecha. El estribillo de los vv. 4 y 6 del salmo refleja el universalismo enseñado por la segunda parte de Isaías (caps. 40-55): las naciones paganas son llamadas a servir al mismo Dios único, a través del ejemplo del pueblo elegido y la enseñanza de su historia. La invitación que el salmista hace a todas las naciones para que alaben a Dios, es una expresión del pensamiento mesiánico, del reino universal de Dios, que se ha manifestado en la salvación de su pueblo.

Ap 21,10-14.22-23. Me enseñó la ciudad santa, que bajaba del cielo.

La comunidad fundada, congregada y animada por Cristo y el Espíritu llegará a ser una comunidad perfecta y feliz, pero todavía no lo es plenamente, sino que está en camino.

La Iglesia es comunidad de salvación, de plenitud que está ya definida y nos espera a todos, pero que también vamos construyendo con nuestra vida; y aunque ahora tiene problemas, todos participaremos de la Jerusalén celeste.

La lectura es una invitación a la esperanza y alegría más grandes, al saber que, no por nuestros méritos, sino por los de Cristo, ese final nos espera.

Jn 14,23-29. El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho.

Jesús se despide de sus amigos y estos le preguntan « ¿A qué se debe que vayas a revelarte a nosotros y no al mundo?». A que vosotros me amáis, les responde Jesús. Jesús se revela a quien le ama; se deja conocer por quien pone de su parte, por quien muestra disponibilidad, por quien quiere sintonizar con él. A partir de esta disposición, al discípulo se le abre una vida nueva, caracterizada por la presencia afectiva de Jesús, del Padre y del Espíritu en él. Presencia no física, pero presencia real. El discípulo ya no tiene motivos para vivir añorando la presencia física de Jesús. « Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre». El texto es también anuncio de la Ascensión al cielo, y del envío del Espíritu para transmitir todo lo que Jesús les ha enseñado con palabras, pero sobre todo, con entrega, hasta dar la vida.

Puntos para la homilía

La realidad sociológica e histórica condiciona nuestra vida. Somos parte integrante de un mundo complejo que incide poderosamente en nuestra manera de ser, actuar y vivir. Hablamos de fenómenos como el cambio cultural, la tecnología, el consumo, la movilidad, el anonimato social, la incomunicación, el pluralismo...

Avanzamos en muchos campos, pero damos la impresión de un empobrecimiento y vacío interior, con dependencia cada vez mayor de aquello que producimos y fabricamos.

La vida se ha vuelto acelerada, y está sometida a un ritmo agotador. Llega información múltiple y variada de noticias y datos y la seducción por los mil engañosos atractivos de la sociedad de consumo.

¿Encontraremos tiempo para detenernos serenamente ante la propia vida?

¿Hallaremos medios para discernir, reflexionar y formarnos un juicio propio con responsabilidad y lucidez?

La fe ha de ser la gran fuerza interior que nos ayude a liberarnos de la alienación, la superficialidad, la desintegración y el vacío interior.

Para vivir de una manera más humana y liberada necesitamos una energía interior capaz de animar y dinamizar toda nuestra existencia. Por eso escuchamos hoy con gozo las palabras de Jesús : «El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él».

La Pascua del enfermo nos acerca a un mundo, el de la enfermedad, que nos enseña la otra cara de la realidad: la de la debilidad, la de la propia limitación, la que nos hace tomar conciencia de la propia contingencia; pero, al mismo tiempo, la que encuentra a Dios como fortaleza, la que nos hace tomar conciencia de la propia eternidad, la que siente la vida y la fe como auténticos regalos del Padre. En los enfermos, las comunidades tienen permanentemente el testimonio del Cristo doliente. Hoy es su Pascua, habrá que facilitarles que el encuentro con el Cristo resucitado no se dé sólo en el ámbito de su vivencia personal, sino también en el ámbito de la comunidad.

Oración de los fieles

En la oración de los fieles se puede incluir alguna de las peticiones siguientes:

Presentamos nuestra oración sincera pidiendo al Señor que el regalo de la Paz anide en todas las personas y en todos los pueblos; decimos: ¡Señor, danos tu Paz!

  • Para que la Iglesia viva el respeto a cada persona, sus distintos puntos de vista, su realidad personal, hasta descubrir lo importante, lo que a todos une y enriquece. Oremos.
  • Para que en medio de la vida los cristianos sepamos acoger y perdonar, ver en todos a un hermano querido. Oremos.
  • Para que la tarea evangelizadora de la Iglesia nunca se detenga por miedo a la apertura o la confrontación. Oremos.
  • Para que sepamos confiar en el Espíritu y ser creativos y evangélicos a la hora de encontrar respuestas para los problemas y desafíos de nuestro tiempo. Oremos.
  • Para que nuestra comunidad (parroquial) se prepare para acoger el don del Espíritu Santo y su fuerza nos haga testigos del Evangelio y signo de esperanza para los que sufren. Oremos.

Oración: Señor, danos tu Paz que nos ayude a vivir y construir la paz de cada día para evidenciar junto a los enfermos y sus familias el valor insustituible de la esperanza. Por Jesucristo.

Despedida

La celebración termina, la Eucaristía continúa en la vida, y la fuerza del Espíritu nos animará a acoger, comprender y acompañar. La fuerza de Cristo Resucitado por su Espíritu nos animará a sembrar el mundo de “gestos de bondad”. El dolor y el sufrimiento recuperarán la esperanza y el mundo vivirá la salud como experiencia que se abre a la Salvación.

Bendición final

Dios Padre, que por la Resurrección de Jesús nos ha redimido y adoptado como hijos, nos llene de alegría con sus bendiciones. Amén.

Y ya que, por la Pascua del Señor hemos recibido el don de la verdadera libertad, por su bondad recibamos la vida eterna. Amén.

Y pues en el bautismo hemos participado de la Resurrección de Cristo, vivamos en el Amor y la justicia para que podamos alcanzar el cielo. Amén.

Y la bendición de Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre vosotros y os acompañe siempre. Amén.

Canciones para la celebración

Entrada: Juntos cantando la alegría (1CLN-410); Invoco al Dios altísimo (1CLN- 713); Cristo nos da la libertad (1CLN-727); Reunidos en el nombre del Señor (CLNA 9); El que me ama guardará mi palabra (del disco “15 Nuevos cantos para la Misa” de Erdozáin).

Salmo: LDS o el Salmo A Dios den gracias los pueblos(1CLN-510)

Aleluya: Canta aleluya al Señor(CB-33)

Ofertorio: Llevemos al Señor(del disco “16 Cantos para la Misa”)

Santo: 1 CLN-I 2

Comunión: En la paz de Cristo(1CLN-603); Delante de Tí(del disco “Cantos para participar y vivir la Misa”); Te damos gracias. Señor(1CLN-531); Guarda mi alma en la paz,de Deiss (1CLN-710); Beberemos la copa de Cristo(CLN-O 10); Unidos en Ti(CLN-O 31).

Final: Regina coeli(gregoriano).

Oración

Delante de ti, Señor,
abrimos nuestros brazos al mundo
para acogerlo con cariño.
Es el mundo de la salud y la enfermedad,
el mundo de las grandes realidades:
salud, trabajo y descanso;
dolor, enfermedad y sufrimiento;
dudas, miedos y angustias;
certezas, alegrías y esperanzas…
Ante él nos inclinamos con respeto,
y contemplamos, en silencio, su realidad:
¡Cuánta humanidad y cuánta vida!
¡Frágiles fragmentos de eternidad!
¡Arrogancia de una humanidad herida!
Envuelto en comprensión lo recogemos
y lo ponemos en tus manos de Padre.
Ayúdanos a acompañarlo en tu presencia.
Amén

CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

Departamento de Pastoral de la Salud

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