SALMODIA Antífona 1 Fuera del tiempo pascual: Día tras día, te bendeciré, Señor, y narraré tus maravillas. Tiempo pascual: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único. Aleluya. Salmo 144 Himno a la grandeza de Dios Tú, Señor, el que eras y eres, eres justo (Ap 16, 5) I Te ensalzaré, Dios mío, mi rey; bendeciré tu nombre por siempre jamás. Día tras día, te bendeciré y alabaré tu nombre por siempre jamás. Grande es el Señor, merece toda alabanza, es incalculable su grandeza; una generación pondera tus obras a la otra, y le cuenta tus hazañas. Alaban ellos la gloria de tu majestad, y yo repito tus maravillas; encarecen ellos tus temibles proezas, y yo narro tus grandes acciones; difunden la memoria de tu inmensa bondad, y aclaman tus victorias. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas; explicando tus hazañas a los hombres, la gloria y majestad de tu reinado. Tu reinado es un reinado perpetuo, tu gobierno va de edad en edad. Fuera del tiempo pascual: Ant. Día tras día, te bendeciré, Señor, y narraré tus maravillas. Tiempo pascual: Ant. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único. Aleluya. Antífona 2 Fuera del tiempo pascual: Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan. Tiempo pascual: Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, todo honor y toda gloria. Aleluya. II El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. El Señor sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan. Los ojos de todos te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y sacias de favores a todo viviente. El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente. Satisface los deseos de sus fieles, escucha sus gritos, y los salva. El Señor guarda a los que lo aman, pero destruye a los malvados. Pronuncie mi boca la alabanza del Señor, todo viviente bendiga su santo nombre por siempre jamás. Fuera del tiempo pascual: Ant. Los ojos de todos te están aguardando, Señor; tú estás cerca de los que te invocan. Tiempo pascual: Ant. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, todo honor y toda gloria. Aleluya. Antífona 3 Fuera del tiempo pascual: Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos! Tiempo pascual: Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya. Cántico: Ap 15, 3-4 Himno de adoración Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos! ¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, porque tus juicios se hicieron manifiestos. Fuera del tiempo pascual: Ant. Justos y verdaderos son tus caminos, ¡oh Rey de los siglos! Tiempo pascual: Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación. Aleluya. LECTURA BREVE: Rm 8, 1-2 Ahora no pesa condena alguna sobre los que están unidos a Cristo Jesús, pues, por la unión con Cristo Jesús, la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. RESPONSORIO BREVE R/. Cristo murió por los pecados. * Para conducirnos a Dios. Cristo. V/. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida. * Para conducirnos a Dios. Gloria al Padre. Cristo. Magníficat, ant. Acuérdate de tu misericordia, Señor, como lo habías prometido a nuestros padres. PRECES Invoquemos a Cristo, en quien confían los que conocen su nombre, diciendo: Señor, ten piedad. Señor Jesucristo, consuelo de los humildes, - dígnate sostener con tu gracia nuestra fragilidad, siempre inclinada al pecado. Que los que por nuestra debilidad estamos inclinados al mal, - por tu misericordia obtengamos el perdón. Señor, a quien ofende el pecado y aplaca la penitencia, - aparta de nosotros el azote de tu ira, merecido por nuestros pecados. Tú que perdonaste a la mujer arrepentida y cargaste sobre los hombros la oveja descarriada, - no apartes de nosotros tu misericordia. Tú que por nosotros aceptaste el suplicio de la cruz, - abre las puertas del cielo a todos los difuntos que en ti confiaron. Siguiendo las enseñanzas de Jesucristo, digamos al Padre celestial: Padre nuestro. Oración Dios omnipotente y eterno, que quisiste que tu Hijo sufriese por la salvación de todos, haz que, inflamados en tu amor, sepamos ofrecernos a ti como hostia viva. Por nuestro Señor Jesucristo.