SALMODIA Antífona 1 Fuera del tiempo pascual: El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses. Tiempo pascual: Yo, el Señor, soy tu salvador y tu redentor. Aleluya. Salmo 134 Himno a Dios, realizador de maravillas Vosotros sois... un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa (1 P 2, 9) I Alabad el nombre del Señor, alabadlo, siervos del Señor, que estáis en la casa del Señor, en los atrios de la casa de nuestro Dios. Alabad al Señor porque es bueno, tañed para su nombre, que es amable. Porque él se escogió a Jacob, a Israel en posesión suya. Yo sé que el Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses. El Señor todo lo que quiere lo hace: en el cielo y en la tierra, en los mares y en los océanos. Hace subir las nubes desde el horizonte, con los relámpagos desata la lluvia, suelta a los vientos de sus silos. Él hirió a los primogénitos de Egipto, desde los hombres hasta los animales. Envió signos y prodigios -en medio de ti, Egipto- contra el Faraón y sus ministros. Hirió de muerte a pueblos numerosos, mató a reyes poderosos: a Sijón, rey de los amorreos, a Hog, rey de Basán, y a todos los reyes de Canaán. Y dio su tierra en heredad, en heredad a Israel, su pueblo. Fuera del tiempo pascual: Ant. El Señor es grande, nuestro dueño más que todos los dioses. Tiempo pascual: Ant. Yo, el Señor, soy tu salvador y tu redentor. Aleluya. Antífona 2 Fuera del tiempo pascual: Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable. Tiempo pascual: Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. Aleluya. II Señor, tu nombre es eterno; Señor, tu recuerdo de edad en edad. Porque el Señor gobierna a su pueblo y se compadece de sus siervos. Los ídolos de los gentiles son oro y plata, hechura de manos humanas: tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven, tienen orejas y no oyen, no hay aliento en sus bocas. Sean lo mismo los que los hacen, cuantos confían en ellos. Casa de Israel, bendice al Señor; casa de Aarón, bendice al Señor; casa de Leví, bendice al Señor; fieles del Señor, bendecid al Señor. Bendito en Sión el Señor, que habita en Jerusalén. Fuera del tiempo pascual: Ant. Casa de Israel, bendecid al Señor; tañed para su nombre, que es amable. Tiempo pascual: Ant. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David. Aleluya. Antífona 3 Fuera del tiempo pascual: Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor. Tiempo pascual: Cantaré al Señor, sublime es su victoria. Aleluya. Cántico: Ap 15, 3-4 Himno de adoración Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos! ¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, porque tus juicios se hicieron manifiestos. Fuera del tiempo pascual: Ant. Vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, Señor. Tiempo pascual: Ant. Cantaré al Señor, sublime es su victoria. Aleluya. LECTURA BREVE: St 1, 2-4 Hermanos míos: Teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas. Sabed que, al ponerse a prueba vuestra fe, os dará constancia. Y si la constancia llega hasta el final, seréis perfectos e íntegros, sin falta alguna. RESPONSORIO BREVE R/. Cristo nos amó y nos ha librado. * Por su sangre. Cristo. V/. Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios. * Por su sangre. Gloria al Padre. Cristo. Magníficat, ant. El Señor nos auxilia a nosotros, sus siervos, acordándose de su misericordia. PRECES Invoquemos al Señor Jesús, a quien el Padre entregó por nuestros pecados y lo resucitó para nuestra justificación, diciendo: Señor, ten piedad de tu pueblo. Escucha, Señor, nuestras súplicas, perdona los pecados de los que se confiesan culpables, - y, en tu bondad, otórganos el perdón y la paz. Tú que por el Apóstol nos has enseñado que, si creció el pecado, más desbordante fue la gracia, - perdona con largueza nuestros muchos pecados. Hemos pecado mucho, Señor, pero confiamos en tu misericordia infinita; - vuélvete a nosotros, para que podamos convertirnos a ti. Salva a tu pueblo de los pecados, Señor, - y sé benévolo con nosotros. Tú que abriste las puertas del paraíso al ladrón arrepentido, que te reconoció como salvador, - ábrelas también para nuestros difuntos. Reconociendo que nuestra fuerza para no caer en la tentación se halla en Dios, digamos confiadamente: Padre nuestro. Oración Señor, Padre santo, que quisiste que Cristo, tu Hijo, fuese el precio de nuestro rescate; haz que vivamos de tal manera que, tomando parte en sus padecimientos, nos gocemos también en la revelación de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.