SALMODIA Antífona 1 Domingo IV de Adviento: Mirad: vendrá el deseado de todos los pueblos, y se llenará de gloria la casa del Señor. Aleluya. Domingo IV de Pascua: Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón. Aleluya. Tiempo ordinario: Desead la paz a Jerusalén. Salmo 121 La ciudad santa de Jerusalén Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo, Jerusalén del cielo (Hb 12, 22) ¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. Desead la paz a Jerusalén: «Vivan seguros los que te aman, haya paz dentro de tus muros, seguridad en tus palacios». Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo». Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. Domingo IV de Adviento: Ant. Mirad: vendrá el deseado de todos los pueblos, y se llenará de gloria la casa del Señor. Aleluya. Domingo IV de Pascua: Ant. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón. Aleluya. Tiempo ordinario: Ant. Desead la paz a Jerusalén. Antífona 2 Domingo IV de Adviento: Ven, Señor, y no tardes: perdona los pecados de tu pueblo, Israel. Domingo IV de Pascua: Con tu sangre nos compraste para Dios. Aleluya. Tiempo ordinario: Desde la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor. Salmo 129 Desde lo hondo a ti grito, Señor Él salvará a su pueblo de los pecados (Mt 1, 21) Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. Si llevas cuenta de mis delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto. Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora; porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. Domingo IV de Adviento: Ant. Ven, Señor, y no tardes: perdona los pecados de tu pueblo, Israel. Domingo IV de Pascua: Ant. Con tu sangre nos compraste para Dios. Aleluya. Tiempo ordinario: Ant. Desde la aurora hasta la noche, mi alma aguarda al Señor. Antífona 3 Domingo IV de Adviento: Mirad: se cumple ya el tiempo en el que Dios envía a su Hijo al mundo. Domingo IV de Pascua: ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Aleluya. Tiempo ordinario: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya. Cántico: Flp 2, 6-11 Cristo, siervo de Dios, en su misterio pascual Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. Domingo IV de Adviento: Ant. Mirad: se cumple ya el tiempo en el que Dios envía a su Hijo al mundo. Domingo IV de Pascua: Ant. ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Aleluya. Tiempo ordinario: Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya. LECTURA BREVE: 2 P 1, 19-21 Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones. Ante todo, tened presente que ninguna predicción de la Escritura está a merced de interpretaciones personales; porque ninguna predicción antigua aconteció por designio humano; hombres como eran, hablaron de parte de Dios, movidos por el Espíritu Santo. RESPONSORIO BREVE R/. De la salida del sol hasta su ocaso. * Alabado sea el nombre del Señor. De la salida. V/. Su gloria sobre los cielos. * Alabado sea el nombre del Señor. Gloria al padre. De la salida. PRECES Invoquemos a Cristo, alegría de cuantos se refugian en él, y digámosle: Míranos y escúchanos, Señor. Testigo fiel y primogénito de entre los muertos, que nos has librado de nuestros pecados por tu sangre, - no permitas que olvidemos nunca tus beneficios. Haz que aquéllos a quienes elegiste como mensajeros de tu Evangelio - sean siempre fieles y celosos administradores de los misterios del reino. Rey de la paz, concede abundantemente tu Espíritu a los que gobiernan las naciones, - para que atiendan con interés a los pobres y postergados. Sé ayuda para cuantos son víctimas de cualquier segregación por causa de su raza, color, condición social, lengua o religión, - y haz que todos reconozcan su dignidad y respeten sus derechos. A los que han muerto en tu amor, dales también parte en tu felicidad, - con María y con todos los santos. Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir: Padre nuestro.