SALMODIA Antífona 1 Fuera del tiempo pascual: El Señor rodea a su pueblo. Tiempo pascual: Paz a vosotros, soy yo, no temáis. Aleluya. Salmo 124 El Señor vela por su pueblo Paz sobre el Israel de Dios (Ga 6, 16) Los que confían en el Señor son como el monte Sión: no tiembla, está asentado para siempre. Jerusalén está rodeada de montañas, y el Señor rodea a su pueblo ahora y por siempre. No pesará el cetro de los malvados sobre el lote de los justos, no sea que los justos extiendan su mano a la maldad. Señor, concede bienes a los buenos, a los sinceros de corazón; y a los que se desvían por sendas tortuosas, que los rechace el Señor con los malhechores. ¡Paz a Israel! Fuera del tiempo pascual: Ant. El Señor rodea a su pueblo. Tiempo pascual: Ant. Paz a vosotros, soy yo, no temáis. Aleluya. Antífona 2 Fuera del tiempo pascual: Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Tiempo pascual: Espere Israel en el Señor. Aleluya. Salmo 130 Abandono confiado en los brazos de Dios Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón (Mt 11, 29) Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre. Espere Israel en el Señor ahora y por siempre. Fuera del tiempo pascual: Ant. Si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Tiempo pascual: Ant. Espere Israel en el Señor. Aleluya. Antífona 3 Fuera del tiempo pascual: Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios. Tiempo pascual: Que te sirva toda la creación, porque tú lo mandaste, y existió. Aleluya. Cántico: Ap 4, 11; 5, 9. 10. 12 Himno de los redimidos Eres digno, Señor, Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; porque por tu voluntad lo que no existía fue creado. Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes, y reinan sobre la tierra. Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza. Fuera del tiempo pascual: Ant. Has hecho de nosotros, Señor, un reino de sacerdotes para nuestro Dios. Tiempo pascual: Ant. Que te sirva toda la creación, porque tú lo mandaste y existió. Aleluya. LECTURA BREVE: Rm 12, 9-12 Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. Que la esperanza os tenga alegres; estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración. RESPONSORIO BREVE R/. Tu palabra, Señor, es eterna. * Más estable que el cielo. Tu palabra. V/. Tu fidelidad de generación en generación. * Más estable que el cielo. Gloria al Padre. Tu palabra. Magníficat, ant. Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador. PRECES Invoquemos a Dios, que ha infundido la esperanza en nuestros corazones, y digámosle: Tú eres la esperanza de tu pueblo, Señor. Te damos gracias, Señor, porque, en Cristo, tu Hijo, hemos sido enriquecidos en todo: - en el hablar y en el saber. En tus manos, Señor, están el corazón y la mente de los que gobiernan; - dales, pues, acierto en sus decisiones, para que te sean gratos en su pensar y obrar. Tú que concedes a los artistas inspiración para plasmar la belleza que de ti procede, - haz que con sus obras aumente el gozo y la esperanza de los hombres. Tú que no permites que la prueba supere nuestras fuerzas, - da fortaleza a los débiles, levanta a los caídos. Tú que, por boca de tu Hijo, nos has prometido la resurrección en el último día, - no te olvides para siempre de los que ya han sido despojados de su cuerpo mortal. Unidos fraternalmente como hermanos de una misma familia, invoquemos al Padre común: Padre nuestro. Oración Nuestra oración vespertina suba hasta ti, Padre de clemencia, y descienda sobre nosotros tu bendición; así, con tu ayuda, seremos salvados ahora y por siempre. Por nuestro Señor Jesucristo.