SALMODIA Antífona 1 Fuera del tiempo pascual: Envíame, Señor, tu luz y tu verdad. Tiempo pascual: Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo. Aleluya. Salmo 42 Deseo del templo Yo he venido al mundo como luz (Jn 12, 46) Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa contra gente sin piedad, sálvame del hombre traidor y malvado. Tú eres mi Dios y protector, ¿por qué me rechazas?, ¿por qué voy andando sombrío, hostigado por mi enemigo? Envía tu luz y tu verdad: que ellas me guíen y me conduzcan hasta tu monte santo, hasta tu morada. Que yo me acerque al altar de Dios, al Dios de mi alegría; que te dé gracias al son de la cítara, Dios, Dios mío. ¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas? Espera en Dios, que volverás a alabarlo: «Salud de mi rostro, Dios mío». Fuera del tiempo pascual: Ant. Envíame, Señor, tu luz y tu verdad. Tiempo pascual: Ant. Os habéis acercado al monte Sión, ciudad del Dios vivo. Aleluya. Antífona 2 Fuera del tiempo pascual: Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida. Tiempo pascual: Tú, Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía. Aleluya. Cántico: Is 38, 10-14. 17-20 Angustias de un moribundo y alegría de la curación Yo soy el que vive; estaba muerto, y tengo las llaves de la muerte (Ap 1, 18) Yo pensé: «En medio de mis días tengo que marchar hacia las puertas del abismo; me privan del resto de mis años». Yo pensé: «Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos; ya no miraré a los hombres entre los habitantes del mundo. Levantan y enrollan mi vida como una tienda de pastores. Como un tejedor, devanaba yo mi vida, y me cortan la trama». Día y noche me estás acabando, sollozo hasta el amanecer. Me quiebras los huesos como un león, día y noche me estás acabando. Estoy piando como una golondrina, gimo como una paloma. Mis ojos mirando al cielo se consumen: ¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí! Me has curado, me has hecho revivir, la amargura se me volvió paz cuando detuviste mi alma ante la tumba vacía y volviste la espalda a todos mis pecados. El abismo no te da gracias, ni la muerte te alaba, ni esperan en tu fidelidad los que bajan a la fosa. Los vivos, los vivos son quienes te alaban: como yo ahora. El padre enseña a sus hijos tu fidelidad. Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas todos nuestros días en la casa del Señor. Fuera del tiempo pascual: Ant. Protégenos, Señor, todos los días de nuestra vida. Tiempo pascual: Ant. Tú, Señor, detuviste mi alma ante la tumba vacía. Aleluya. Antífona 3 Fuera del tiempo pascual: Oh Dios, tú mereces un himno en Sión. + Tiempo pascual: Tú has cuidado de nuestra tierra y la has enriquecido sin medida. Aleluya. Salmo 64 Solemne acción de gracias Cuando se habla de Sión debe entenderse de la ciudad eterna (Orígenes) Oh Dios, tú mereces un himno en Sión, + y a ti se te cumplen los votos, porque tú escuchas las súplicas. A ti acude todo mortal a causa de sus culpas; nuestros delitos nos abruman, pero tú los perdonas. Dichoso el que tú eliges y acercas para que viva en tus atrios: que nos saciemos de los bienes de tu casa, de los dones sagrados de tu templo. Con portentos de justicia nos respondes, Dios, salvador nuestro; tú, esperanza del confín de la tierra y del océano remoto; tú que afianzas los montes con tu fuerza, ceñido de poder; tú que reprimes el estruendo del mar, el estruendo de las olas y el tumulto de los pueblos. Los habitantes del extremo del orbe se sobrecogen ante tus signos, y a las puertas de la aurora y del ocaso las llenas de júbilo. Tú cuidas de la tierra, la riegas y la enriqueces sin medida; la acequia de Dios va llena de agua, preparas los trigales; riegas los surcos, igualas los terrones, tu llovizna los deja mullidos, bendices sus brotes; coronas el año con tus bienes, tus carriles rezuman abundancia; rezuman los pastos del páramo, y las colinas se orlan de alegría; las praderas se cubren de rebaños, y los valles se visten de mieses, que aclaman y cantan. Fuera del tiempo pascual: Ant. Oh Dios, tú mereces un himno en Sión. Tiempo pascual: Ant. Tú has cuidado de nuestra tierra y la has enriquecido sin medida. Aleluya. LECTURA BREVE: 1 Ts 5, 4-5 Vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. RESPONSORIO BREVE R/. Señor, escucha mi voz. * He esperado en tus palabras. Señor. V/. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio. * He esperado en tus palabras. Gloria al Padre. Señor. Benedictus, ant. De la mano de todos los que nos odian, sálvanos, Señor. PRECES Bendigamos a nuestro Salvador, que, con su resurrección, ha iluminado al mundo, y digámosle suplicantes: Guárdanos, Señor, en tu camino. Señor Jesús, al consagrar nuestra oración matinal a la memoria de tu santa resurrección, - te pedimos que la esperanza de participar en tu gloria ilumine todo nuestro día. Te ofrecemos, Señor, los deseos y proyectos de nuestra jornada: - dígnate aceptarlos y bendecirlos como primicias de nuestro día. Concédenos crecer hoy en tu amor, - a fin de que todo sirva para nuestro bien y el de nuestros hermanos. Haz, Señor, que el ejemplo de nuestra vida resplandezca como una luz ante los hombres, - para que todos den gloria al Padre que está en los cielos. Porque deseamos que la luz de Cristo alumbre a todos los hombres, pidamos al Padre que su reino llegue a nosotros: Padre nuestro. Oración Señor Jesucristo, luz verdadera que alumbras a todo hombre y le muestras el camino de la salvación, concédenos la abundancia de tu fuerza, para que preparemos delante de ti caminos de justicia y de paz. Tú que vives y reinas.