SALMODIA Antífona 1 Domingo II de Adviento: Alégrate y goza, nueva Sión, porque tu Rey llega con mansedumbre a salvar nuestras almas. Domingo VI de Pascua: El que realiza la verdad se acerca a la luz. Aleluya. Tiempo ordinario: Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya. Salmo 118, 105-112 Himno a la ley divina Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros (Jn 15, 12) Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero; lo juro y lo cumpliré: guardaré tus justos mandamientos; ¡estoy tan afligido! Señor, dame vida según tu promesa. Acepta, Señor, los votos que pronuncio, enséñame tus mandatos; mi vida está siempre en peligro, pero no olvido tu voluntad; los malvados me tendieron un lazo, pero no me desvié de tus decretos. Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón; inclino mi corazón a cumplir tus leyes, siempre y cabalmente. Domingo II de Adviento: Ant. Alégrate y goza, nueva Sión, porque tu Rey llega con mansedumbre a salvar nuestras almas. Domingo VI de Pascua: Ant. El que realiza la verdad se acerca a la luz. Aleluya. Tiempo ordinario: Ant. Lámpara es tu palabra para mis pasos, Señor. Aleluya. Antífona 2 Domingo II de Adviento: Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes: «Mirad, nuestro Rey viene en persona y nos salvará.» Aleluya. Domingo VI de Pascua: El Señor, rotas las ataduras de la muerte, ha resucitado. Aleluya. Tiempo ordinario: Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya. Salmo 15 El Señor es el lote de mi heredad Dios resucitó a Jesús rompiendo las ataduras de la muerte (Hch 2, 24) Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; yo digo al Señor: «Tú eres mi bien». Los dioses y señores de la tierra no me satisfacen. Multiplican las estatuas de dioses extraños; no derramaré sus libaciones con mis manos, ni tomaré sus nombres en mis labios. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en su mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad. Bendeciré al Señor, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. Domingo II de Adviento: Ant. Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes: «Mirad, nuestro Rey viene en persona y nos salvará». Aleluya. Domingo VI de Pascua: Ant. El Señor, rotas las ataduras de la muerte, ha resucitado. Aleluya. Tiempo ordinario: Ant. Me saciarás de gozo en tu presencia, Señor. Aleluya. Antífona 3 Domingo II de Adviento: La ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Domingo VI de Pascua: ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Aleluya. Tiempo ordinario: Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya. Cántico: Flp 2, 6-11 Cristo, siervo de Dios, en su misterio pascual Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. Domingo II de Adviento: Ant. La ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Domingo VI de Pascua: Ant. ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Aleluya. Tiempo ordinario: Ant. Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra. Aleluya. LECTURA BREVE: Col 1, 2b-6a Os deseamos la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez el Evangelio, la palabra, el mensaje de la verdad. Éste se sigue propagando y va dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros. RESPONSORIO BREVE R/. De la salida del sol hasta su ocaso. * Alabado sea el nombre del Señor. De la salida. V/. Su gloria sobre los cielos. * Alabado sea el nombre del Señor. Gloria al Padre. De la salida. PRECES Demos gracias al Señor, que ayuda y protege al pueblo que se ha escogido como heredad, y, recordando su amor para con nosotros, supliquémosle, diciendo: Escúchanos, Señor, que confiamos en ti. Padre lleno de amor, te pedimos por el papa N. y por nuestro obispo N.; - protégelos con tu fuerza y santifícalos con tu gracia. Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo, - para que así tengan también parte en su consuelo. Mira con piedad a los que no tienen techo donde cobijarse - y haz que encuentren pronto el hogar que desean. Dígnate dar y conservar los frutos de la tierra, - para que a nadie falte el pan de cada día. (o bien: Guarda, Señor, de todo mal a nuestro país, - para que goce siempre de paz y prosperidad.) Ten, Señor, piedad de los difuntos - y ábreles la puerta de tu mansión eterna. Movidos por el Espíritu Santo, dirijamos al Padre la oración que nos enseñó el Señor: Padre nuestro.