SALMODIA Antífona 1 Fuera del tiempo pascual: El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor. Tiempo pascual: El que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos. Aleluya. Salmo 23 Entrada solemne de Dios en su templo Las puertas del cielo se abren ante Cristo que, como hombre, sube al cielo (S. Ireneo) Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes: él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos. - ¿Quién puede subir al monte del Señor? ¿Quién puede estar en el recinto sacro? - El hombre de manos inocentes y puro corazón, que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso. Ése recibirá la bendición del Señor, le hará justicia el Dios de salvación. - Éste es el grupo que busca al Señor, que viene a tu presencia, Dios de Jacob. ¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. - ¿Quién es ese Rey de la gloria? - El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra. ¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria. - ¿Quién es ese Rey de la gloria? - El Señor, Dios de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria. Fuera del tiempo pascual: Ant. El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor. Tiempo pascual: Ant. El que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos. Aleluya. Antífona 2 Fuera del tiempo pascual: Ensalzad con vuestras obras al Rey de los siglos. Tiempo pascual: Ensalzad al Rey del cielo y alegraos de su grandeza. Aleluya. Cántico: Tb 13, 1-10a Dios castiga y salva Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva (1 P 1, 3) Bendito sea Dios, que vive eternamente, y cuyo reino dura por los siglos: él azota y se compadece, hunde hasta el abismo y saca de él, y no hay quien escape de su mano. Dadle gracias, israelitas, ante los gentiles, porque él nos dispersó entre ellos. Proclamad allí su grandeza, ensalzadlo ante todos los vivientes: que él es nuestro Dios y Señor, nuestro Padre por todos los siglos. Él nos azota por nuestros delitos, pero se compadecerá de nuevo, y os congregará de entre las naciones por donde estáis dispersados. Si volvéis a él de todo corazón y con toda el alma, siendo sinceros con él, él volverá a vosotros y no os ocultará su rostro. Veréis lo que hará con vosotros, le daréis gracias a boca llena, bendeciréis al Señor de la justicia y ensalzaréis al rey de los siglos. Yo le doy gracias en mi cautiverio, anuncio su grandeza y su poder a un pueblo pecador. Convertios, pecadores, obrad rectamente en su presencia: quizá os mostrará benevolencia y tendrá compasión. Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo, y me alegraré de su grandeza. Que todos alaben al Señor y le den gracias en Jerusalén. Fuera del tiempo pascual: Ant. Ensalzad con vuestras obras al Rey de los siglos. Tiempo pascual: Ant. Ensalzad al Rey del cielo y alegraos de su grandeza. Aleluya. Antífona 3 Fuera del tiempo pascual: El Señor merece la alabanza de los buenos. Tiempo pascual: La misericordia del Señor llena la tierra. Aleluya. Salmo 32 Himno al poder y a la providencia de Dios Por medio de la Palabra se hizo todo (Jn 1, 3) Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos. Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones: que la palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra. La palabra del Señor hizo el cielo; el aliento de su boca, sus ejércitos; encierra en un odre las aguas marinas, mete en un depósito el océano. Tema al Señor la tierra entera, tiemblen ante él los habitantes del orbe: porque él lo dijo, y existió, él lo mandó, y surgió. El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos; pero el plan del Señor subsiste por siempre, los proyectos de su corazón, de edad en edad. Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, el pueblo que él se escogió como heredad. El Señor mira desde el cielo, se fija en todos los hombres; desde su morada observa a todos los habitantes de la tierra: él modeló cada corazón, y comprende todas sus acciones. No vence el rey por su gran ejército, no escapa el soldado por su mucha fuerza, nada valen sus caballos para la victoria, ni por su gran ejército se salva. Los ojos del Señor están puestos en sus fieles, en los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre. Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo; con él se alegra nuestro corazón, en su santo nombre confiamos. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti. Fuera del tiempo pascual: Ant. El Señor merece la alabanza de los buenos. Tiempo pascual: Ant. La misericordia del Señor llena la tierra. Aleluya. LECTURA BREVE: Rm 13, 11b. 12-13a Ya es hora de despertaros del sueño. La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. RESPONSORIO BREVE R/. Dios mío, peña mía. * Refugio mío, Dios mío. V/. Mi alcázar, mi libertador. * Refugio mío, Dios mío. Gloria al Padre. Dios mío. Benedictus, ant. El Señor nos suscitó una fuerza de salvación, según lo había predicho por boca de sus profetas. PRECES Ya que hemos sido llamados a participar de una vocación celestial, bendigamos por ello a Jesús, el sumo sacerdote de la fe que profesamos, y supliquémosle, diciendo: Señor, nuestro Dios y nuestro Salvador. Rey todopoderoso, que por el bautismo has hecho de nosotros un sacerdocio real, - haz que nuestra vida sea un continuo sacrificio de alabanza. Ayúdanos, Señor, a guardar tus mandatos, - para que, por la fuerza del Espíritu Santo, nosotros permanezcamos en ti, y tú en nosotros. Danos tu sabiduría eterna, - para que nos asista en nuestros trabajos. Concédenos ser la alegría de cuantos nos rodean - y fuente de esperanza para los decaídos. Como hijos que somos de Dios, dirijámonos a nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó: Padre nuestro. Oración Escucha, Señor, nuestras súplicas matinales y, con la luz de tu misericordia, alumbra la oscuridad de nuestro corazón: que los que hemos sido iluminados por tu claridad no andemos nunca tras las obras de las tinieblas. Por nuestro Señor Jesucristo.