Orientaciones diocesanas para las celebraciones dominicales en ausencia de presbítero

 

 

I. INTRODUCCIÓN

La Iglesia local diocesana de Bilbao se encuentra inmersa en un proceso de recepción del Concilio Vaticano II, tratando de adaptar sus estructuras pastorales a las urgencias evangelizadoras de este momento. Diversos análisis le han llevado a iniciar un proceso de remodelación pastoral. Éste incide en todos los aspectos de la vida de la Iglesia, como son: la orientación misionera, la centralidad de la Eucaristía, la ministerialidad y el servicio de presidencia de las comunidades, la ordenación de las nuevas unidades pastorales y la promoción y el reajuste de los efectivos ministeriales.

 

II. HISTORIA

1. Época de búsqueda

Las asambleas dominicales en ausencia de presbítero (ADAP) tienen su principal punto de referencia en la Asamblea Diocesana (AD) celebrada entre los años 1984 y 1987. En ella se reconoce la necesidad e importancia de las celebraciones de la Palabra. Ello requiere «preparar seglares y religiosos capaces de dirigir las celebraciones» así como también promulgar unas «directrices episcopales» que ayuden a valorar y a potenciarlas (OGD n. 13; Tema 7, n. 7.3).

El I Plan Diocesano de Evangelización (1990-1995), en continuidad con la AD, recomendaba «realizar habitualmente celebraciones de la Palabra y catequesis litúrgicas, reconociendo el valor evangelizador de la Escritura» (ODG, 13). Sin embargo, no hacía una referencia explícita a las celebraciones dominicales, como tampoco lo hace el vigente II Plan.

La carta pastoral para la Cuaresma-Pascua de Resurrección de 1993, «Celebración cristiana del domingo», hace la siguiente mención:

«Merecen aquí una alusión especial las celebraciones dominicales que son presididas por un diácono, un religioso/a o un seglar, cuando no es posible la presencia de un presbítero en ellas. Ante todo, queremos valorar y agradecer en su justa medida el servicio que ellos prestan a unas comunidades que experimentan, también en otros aspectos de la vida, un empobrecimiento cultural y social poco equitativo y humano. Animamos a quienes han aceptado la responsabilidad de convocar a esas comunidades cristianas y presidirlas, a que sean ellos mismos conscientes del gran valor que tiene, ante el Dios amigo de los pobres y de los pequeños, la tarea que realizan, y a que se preparen adecuadamente para llevarla a cabo con competencia, con la colaboración del sacerdote y de un equipo de seglares.

La necesaria conexión que toda comunidad cristiana ha de tener con la Eucaristía y ésta con el presbítero, ha de urgir alguna forma de presencia habitual de éste. Así se harán más visibles la unidad y la comunión existentes entre todas las comunidades cristianas, a partir precisamente de la celebración eucarística». [1]

 

2. Experiencias

El capítulo de experiencias diocesanas en relación con las ADAP se concreta principalmente en dos realizaciones llevadas a cabo en los valles de Carranza y de Arratia.

2.1. En el valle de Carranza

El texto firmado por el Obispo D. Luis María de Larrea da cuenta de los motivos y de la extensión de dicha experiencia. Dice así:

«Ante la escasez de sacerdotes disponibles y el número de centros de culto que hay que atender, queremos iniciar oficialmente una experiencia nueva. No es admisible ni útil que un sacerdote celebre cuatro o más misas el mismo día. No puede celebrarlas debidamente y tiene que correr de una iglesia a otra sin poderos atender con la calma y el interés que merecéis. Tampoco es aconsejable que llegue los domingos un sacerdote de fuera que celebra la Misa, pero que no vuelva a relacionarse con vosotros en toda la semana. Creemos que ha llegado el momento de iniciar oficialmente una experiencia ya practicada con fruto en otros lugares. Se trata de salvar una celebración religiosa digna para los domingos y días festivos aunque no esté presente el sacerdote y asegurar, por otra parte, la atención del sacerdote a la feligresía mediante su presencia en otros momentos de la semana». [2]

En la primera etapa de puesta en práctica de las ADAP hubo algunas dificultades de realización por parte del equipo ministerial. Diversas circunstancias ajenas al proyecto aprobado por el Obispo hicieron que la experiencia no se consolidara.

Posteriormente, en el año 1998, el Obispo D. Ricardo Blázquez encomendó a un equipo de religiosas, acompañadas por un presbítero, la puesta en práctica de las ADAP. Al cabo de estos tres años comienza a consolidarse la experiencia. En determinados momentos del Año (Triduo pascual, Navidad...) se convoca a varios pequeños núcleos comunitarios a una única Asamblea con Eucaristía.

2.2. En el Valle de Arratia

En el año 1987, el Vicario Territorial aprueba con carácter experimental un «Proyecto Pastoral de Arratia» que incluye la puesta en práctica de celebraciones dominicales en ausencia de presbítero. Esta experiencia se ha extendido a cinco de los siete sectores que componen dicha Vicaría: Arratia, Ugao-Orozko, Oiz, Anboto y Galdakao.

A lo largo de estos trece años, puede decirse que la práctica de las ADAP ha encontrado un cauce satisfactorio de realización. Cuenta con varios equipos de agentes de pastoral debidamente preparados, goza de una buena acogida por parte de las comunidades y va configurando un calendario celebrativo.

 

3. Oportunidad de unas directrices diocesanas

El balance de las búsquedas y experiencias a lo largo de 20 años, la realidad actual y las perspectivas de futuro aconsejan consolidar la experiencia.

La reflexión sobre las ADAP ha generado una suma de esfuerzos entre el Servicio Diocesano de Formación de Laicos, los Consejos de Vicaría y de Sector, los equipos de liturgia y las distintas comunidades parroquiales. Este dinamismo debe continuar.

En este tiempo, la Sagrada Congregación para el Culto Divino ha promulgado con fecha de 2 de junio de 1988 el «Directorio para las Celebraciones Dominicales y Festivas en Ausencia de Presbítero».

 

III. LAS LÍNEAS DE FUERZA DEL DIRECTORIO

1. La importancia del Día del Señor para la vida de la Iglesia

El Directorio, citando el n. 106 de la Constitución Conciliar sobre la Sagrada Liturgia, dice:

«La Iglesia de Cristo, desde el Día de Pentecostés, después de la venida del Espíritu Santo, nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual, en el día llamado ?domingo?, en memoria de la resurrección del Señor. En la asamblea dominical la Iglesia lee cuanto se refiere a Cristo en toda la Escritura y celebra la Eucaristía como memorial de la muerte y resurrección del Señor, hasta que vuelva» (Dir. n. 1).

Y añade también:

«Sin embargo, no siempre se puede tener una celebración plena del domingo. En efecto, ha habido muchos fieles, y los hay actualmente, a los que ?cuando falta el ministro sagrado o por otra causa grave, se les hace imposible la participación en la celebración eucarística? (c. 1248 § 2 CIC)» (Dir. n. 2).

Queda claro que las ADAP no vienen a sustituir la Eucaristía como celebración plena del domingo. Sólo pretenden garantizar la Asamblea Dominical de aquellas comunidades que, en ausencia de presbítero, no pueden realizar una celebración plena del domingo, con Eucaristía.

 

2. Situaciones históricas que justifican las ADAP

A lo largo de la historia, diversas situaciones han justificado las ADAP. Por ejemplo, la primera implantación del cristianismo en tierras de misión, la persecución religiosa antigua y moderna, el despoblamiento y la dispersión en el mundo rural y la disminución del número de presbíteros.

En relación con esto último, se reconoce que la multiplicidad de celebraciones presididas por un mismo presbítero no resulta conveniente ni para las parroquias, por verse privadas de una presencia más pausada del pastor propio, ni para los mismos presbíteros que ven así mermada su capacidad para presidir dignamente cada una de las celebraciones.

Allí donde se han dado las anteriores circunstancias, «los Obispos han considerado necesario establecer celebraciones dominicales ante la falta de presbítero, para que se pudiese tener una asamblea cristiana del mejor modo posible, y se asegurase la tradición cristiana del domingo» (Dir. n. 6).

 

3. Condiciones principales

La primera condición para las ADAP es la imposibilidad de celebrar la Eucaristía en las debidas condiciones. Por tanto, no tiene sentido celebrar una ADAP allí donde se ha celebrado o se va a celebrar una Misa. Menos sentido tiene ofrecer la ADAP con el fin de facilitar horarios alternativos.[3]

Una segunda condición es que se deje bien claro que se trata de una celebración dominical, pero que no es una Eucaristía. Ésta constituye la forma plena de celebrar el domingo.

 

IV. ORIENTACIONES PRÁCTICAS

El Obispo diocesano, acogiendo el parecer del Consejo presbiteral (sesión del 12.02.01), ofrece estas orientaciones en consonancia con lo que propone el Directorio: «Compete al Obispo diocesano, oído el parecer del Consejo presbiteral, establecer si en la propia diócesis debe haber regularmente reuniones dominicales sin la celebración de la Eucaristía, y dar normas generales y particulares para ello, teniendo en cuenta las circunstancias de las personas y de los lugares» (Dir. n. 24).

 

1. El sujeto de la celebración

Los criterios de discernimiento para establecer la práctica de las ADAP en lugares determinados de la Iglesia local de Bilbao son los siguientes:

  1. Cuando se trata de comunidades pequeñas dentro de la misma circunscripción parroquial, conviene potenciar la celebración de la Asamblea dominical en la parroquia, no solamente en los días litúrgicos más señalados.
  2. Que exista la posibilidad de constituir una asamblea dominical con un número mínimo habitual de participantes (¿15 ó 20 personas?). Sería conveniente que miembros de la misma asamblea puedan ejercer los ministerios de la catequesis, la atención espiritual a las personas enfermas, la convocatoria a la celebración de la fe y el mantenimiento de los lugares de culto.
  3. Que existan dificultades importantes para celebrar la Eucaristía en las condiciones requeridas. Por parte de la comunidad, puede existir la causa de la distancia geográfica respecto de otras asambleas; por parte del presbítero, responsable pastoral de la comunidad, la multiplicidad de celebraciones dominicales pueden impedirle prestar un servicio digno y en las condiciones pastorales requeridas.
  4. Que exista la posibilidad de garantizar periódicamente celebraciones de la Eucaristía, muy especialmente en las grandes fiestas litúrgicas, ya sea en el mismo lugar, ya sea en comunidades cercanas.
  5. Que se ponga el debido cuidado en mantener y expresar el vínculo con el presbítero responsable y con los otros núcleos comunitarios que él preside.

 

2. La catequesis sobre el domingo

Es necesaria una catequesis que ayude al pueblo de Dios a descubrir tanto el significado de la ADAP como las razones por las que adquiere sentido este modelo de celebración dominical.

  1. La catequesis será impartida no sólo en aquellos núcleos en los que vayan a celebrarse las ADAP, sino en todas las comunidades de la diócesis.
  2. La catequesis incluirá aquellos contenidos fundamentales que se refieren al valor y sentido de la Asamblea Cristiana, su encuentro en domingo, el sentido y la importancia de la Eucaristía dominical y el significado de la ADAP.
  3. El Consejo Episcopal encomendará a los organismos correspondientes la elaboración y seguimiento de los materiales catequéticos.

 

3. Los Agentes pastorales de la celebración

  1. Los responsables de las comunidades suscitarán la vocación de aquellas personas que, con la debida capacitación, se hagan cargo de animar habitualmente las ADAP.
  2. El Consejo Episcopal encargará a las instituciones diocesanas correspondientes el diseño de un plan de formación específico para agentes pastorales capaces de garantizar convenientemente la celebración de las ADAP.
  3. El Secretariado de Liturgia velará porque los subsidios litúrgicos sean adecuados a este tipo de celebración y estén adaptados a sus destinatarios.

 

4. El discernimiento eclesial

  1. En el proceso de discernimiento por el cual se decide la celebración de la ADAP y por el que se realiza la encomienda ministerial intervienen el Consejo Pastoral y el Vicario Territorial correspondientes, contando corresponsablemente con las diversas mediaciones eclesiales.
  2. Hay que respetar el dinamismo propio del pueblo de Dios, teniendo en cuenta también a la asamblea dominical como instancia de discernimiento.

 

Bilbao, 20 de septiembre de 2001

Consejo Episcopal

 

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NOTAS

[1] Celebración cristiana del domingo. Carta Pastoral Conjunta de los Obispos de Pamplona y Tudela, Bilbao, San Sebastián y Vitoria. Cuaresma-Pascua de Resurrección, 1993 (n. 67).

[2] Cf. Boletín Oficial del Obispado de Bilbao, Diciembre 1981, 293-296: En el valle de Carranza existen 15 parroquias más dos centros de culto para una población de 3.150 habitantes.

[3] La afirmación se refiere a una comunidad pequeña. En el caso de comunidades grandes, el espíritu del Directorio parece no estar en contradicción con el ofrecimiento de una ADAP en el mismo día y lugar en que se ofrece, a otra hora, una celebración de Eucaristía.