marzo 2015 - www.bizkeliza.org
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Recomenzar desde Cristo

1. Sumergidos plenamente en el tiempo de Cuaresma, somos guiados, como Jesús, por el Espíritu hacia la Pascua, misterio de vida y de profunda renovación interior. En la Pascua ?nacemos de nuevo?, como indicó el Señor a Nicodemo. Y nacemos del agua y del Espíritu: el agua, signo del bautismo, de purificación y de vida; y del Espíritu que es la Persona amor que levanta a Jesús de entre los muertos y que también a nosotros nos comunica la misma vida y fuerza del Resucitado.

2. La Cuaresma es un tiempo para despojarnos de tantas adherencias, pesos, dependencias y esclavitudes que vamos acumulando en nuestra vida y que nos impiden caminar con paso firme y confiado en la senda del seguimiento de Jesús. Es un tiempo para recomenzar desde Cristo, en muchas ocasiones para desandar los caminos que equivocadamente hemos emprendido. El Papa Francisco, en su mensaje para esta Cuaresma, habla de un elemento importante que, sin darnos cuenta, puede ir apareciendo en nuestra vida: la indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios. Las dificultades por las que atraviesa nuestra existencia pueden provocar en nosotros una cierta ceguera para ver el rostro de Dios en el hermano y una cierta clausura del corazón que lo lleva a dirigirse únicamente hacia los propios intereses y preocupaciones sin recalar en las necesidades del prójimo.

3. Esta indiferencia frente al hermano conlleva, así mismo, un progresivo olvido de Dios, una incapacidad para reconocer su presencia, su llamada, su inspiración. De este modo, nuestra vida se va tornando pesada y rutinaria, perdiendo su frescura e ilusión original, adquiriendo un color gris y cenizo que la empequeñece y acartona. La gracia de Dios viene en nuestra ayuda porque su misericordia es eterna, para levantarnos de nuestras caídas y restablecernos en su amor. En la carta pastoral conjunta que los obispos os hemos escrito, nos centramos en el atributo que mejor define la actitud de Dios con respecto a nosotros: la misericordia entrañable. Dios no es indiferente a nuestras soledades, dolores y sufrimientos. Él quiere volver a pasar por nuestras vidas para despojarlas de todo aquello que la desvitaliza y para recrear en nosotros la imagen de su Hijo que el pecado ha deformado.

4. A este respecto, el profeta Isaías nos dice: ?Jamás se oyó ni se escuchó, ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por quien espera en Él? (Is 64, 3). Ciertamente, comenzamos a percibir la misericordia de Dios cuando en nuestras dificultades aprendemos a esperar en Él. Cuando esta esperanza es verdadera, nos damos cuenta de que en todas las circunstancias angustiosas de nuestra existencia Él ha salido en nuestra defensa y nos ha abierto un camino nuevo y sorprendente de salvación. No ciertamente el que nosotros hemos imaginado, sino el que Él ha querido abrir para nosotros, aunque sea en el desierto, en la precariedad, en la oscuridad, pero con la certeza de que su mano fuerte nos conduce y nos sostiene.

5. En el contexto de esta Cuaresma, celebramos el día de San José, en el que conmemoramos la jornada de las Misiones Diocesanas. Es un día para acompañar con nuestra oración y ayuda a tantas personas de nuestras diócesis que dedican su tiempo a llevar el Evangelio y a colaborar con Iglesias hermanas en países agobiados por diversidad de antiguas y nuevas pobrezas. También es una jornada para reflexionar acerca de la dimensión misionera de nuestras diócesis, si realmente somos una Iglesia en salida. Debemos insistir en la oración para que el Señor suscite y sostenga nuevas vocaciones a la misión y a nosotros nos ayude a ser consecuentes con esta dimensión de nuestra vocación cristiana.

6. También durante este tiempo de Cuaresma celebramos la fiesta de la Encarnación del Señor, en la que conmemoramos una jornada para reflexionar acerca del don inmenso que supone toda vida humana desde su concepción hasta su muerte natural y de este modo extraer las implicaciones prácticas de una defensa, promoción y tutela de la vida, de modo particular la más débil e indefensa frente a legislaciones injustas que no reconocen ni tutelan la vida humana en todas las fases de su existencia. La vida humana es un don que brota del amor de Dios que reserva a todo ser humano un lugar especial en su corazón, llamándolo a la comunión gozosa con Él. En toda vida, en la recién concebida, en la débil o sufriente, podemos reconocer el sí que Dios ha pronunciado sobre ella de una vez para siempre. Aquí se fundamenta la razón de hacer de este sí la actitud justa y propia hacia cada uno de nuestros prójimos sea cual sea la situación en que estos se encuentren.

7. Os deseo un santo tiempo de Cuaresma. Que el Señor nos conceda el don de la conversión, que podamos experimentar su misericordia entrañable para recomenzar de nuevo, para despojarnos de todo aquello que nos impide caminar con Él, al servicio del prójimo hacia el encuentro del Padre en la verdad y en el amor. Con afecto.

 

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa

 

Obispo de Bilbao